La joyera María José Pizarro, quien hasta no hace mucho utilizaba el nombre de María José Barón, pronunció un discurso cargado de mentiras con ocasión de la instalación del Congreso de la República, el pasado 20 de julio.

En palabras de la congresista que asegura ser hija del jefe terrorista Carlos Pizarro Leongómez, el gobierno de Duque no priorizó la vida, sino los negocios, en referencia al programa masivo de vacunación que se está cumpliendo en Colombia, diciendo que el gobierno le entregó $17 billones de pesos al sistema financiero, una cifra que brota de la imaginación calenturienta de la parlamentaria en cuestión.

En tono agitado, y evidentemente irreflexivo, permitiendo que las emociones nublaran su limitada inteligencia, la Pizarro -o Barón- aseguró que Colombia está bajo la mirada del mundo porque “no somos un país de libertades ni un país democrático”.

Curioso que la aseveración provenga de la hija de un genocida que nunca pagó por los brutales crímenes de lesa humanidad que ordenó y que, en muchos casos, también ejecutó de manera directa.

Ella, que fue elegida popularmente, que ocupa una curul en el Congreso de la República no tiene mayor autoridad para cuestionar la salud de la democracia en Colombia que, valga decirlo, ha estado bajo amenazas durante largas décadas por el accionar criminal de grupos al margen de la ley como el que lideró su pretendido progenitor.

Pronunció el agresivo discurso con una bandera al revés, maña estúpida de la extrema izquierda que pretende destrozar todos los valores nacionales. Empezaron derribando monumentos históricos, continuaron atentando contra la Fuerza Pública. Ahora buscan destruir los símbolos patrios.

Valga recordar que una de las primeras medidas adoptadas por los bolcheviques luego de la revolución de octubre fue la de prohibir el uso del pabellón -a la que calificaban de ser un símbolo zarista-, obligando a la utilización de la infausta bandera roja con el martillo y la hoz. Bajo ese estandarte millones de seres humanos fueron brutalmente asesinados.

María José Pizarro es una vulgar farsante e incendiaria. Su presencia en la política es un deshonor, una afrenta -ahí sí- a la democracia y al régimen de libertades. Si bien los delitos de sangre no existen, razón por la que ella no puede ser responsabilizada por las acciones de barbarie cometidas por su supuesto padre, es lamentable que esa mujer, desde el asiento que ocupa en una de las ramas de poder público, haga hasta lo imposible por destruir a Colombia. Pareciera que Pizarro intenta culminar la tarea que hace bastantes años comenzó el terrorista del que ella reclama ser hija.

@IrreverentesCol

Publicado: julio 21 de 2021