Es hora de que los voceros del NO se paren de la mesa y le exijan resultados concretos al gobierno Santos.

Alejandro Ordóñez lo ha dicho sin rodeos y sin pretender ser políticamente correcto: las reuniones que han tenido los voceros del NO con el gobierno no han servido para absolutamente nada. De los encuentros que hasta ahora ha habido, no hay un solo resultado concreto.

Mientras los ministros y negociadores oficiales invierten su tiempo en largas jornadas de trabajo con los líderes del NO, el presidente desde Londres falta al respeto de los 6.5 millones de colombianos que se opusieron a sus planes de entregar en bandeja de plata la democracia colombiana a un reducido grupo de narcoterroristas al decir que ellos votaron engañados y manipulados.

Los hechos demuestran que el gobierno está ganando tiempo. Por un lado caramelea a los líderes del NO convocándolos a reuniones de trabajo que no se han materializado en nada cierto y, por el otro el presidente arrecia sus insultos. Todo para que al final el gobierno termine haciendo conejo e imponiendo a las malas los acuerdos que no gozan de respaldo popular.

El presidente debe pedir perdón. Un Nobel de Paz no puede tratar a la oposición que es mayoritaria de forma tan ruin, canalla y mezquina. Está obligado a reconocer con generosidad democrática y con todos los bemoles que el NO le ganó contra su propio pronóstico. No puede seguir poniendo en duda un resultado que él mismo aceptó porque el daño que le hace al sistema democrático es de inimaginable magnitud.

Pero el punto concreto es que la situación ha llegado a un punto en el que se debe adoptar decisiones de fondo. Los voceros del NO, que representan el sentir de seis y medio millones de colombianos, tienen la obligación de reflexionar sobre si es prudente continuar en el desgaste de esas reuniones que hasta ahora no han conducido a absolutamente nada y que, al contrario, están sirviendo de escenario para que el gobierno preconstituya “evidencias” falsas que utilizará para hacer la trampa y pasarse por la faja el resultado del proceso plebiscitario.

El gobierno debe exhibir resultados concretos y dejar de lado tanta palabrería. De todas las condiciones hasta ahora expuestas por los representantes del NO, es hora que exponga cuáles fueron aceptadas y cuáles fueron negadas por los cabecillas de las Farc.

Que nadie se llame a engaños: el control del país no lo tiene el Nobel Juan Manuel Santos, sino Timochenko y los secuaces con los que está gobernando a Colombia desde La Habana.

La oposición debe valorar si es prudente o no seguirle el juego al gobierno porque si en efecto hubiera voluntad de avanzar el presidente no estaría dando declaraciones miserables como la que emitió en el parlamento británico (Puede leer “Valiente Nobel”) y los resultados de los encuentros hasta ahora celebrados serían ostensibles.

La oposición tiene la sartén por el mango. Desde el mismo día de la victoria del NO en las urnas se abrió la posibilidad de una renegociación de los acuerdos, pero el gobierno, como se dice popularmente, le ha mamado gallo a ese asunto y se ha concentrado en desgastar a los opositores sometiéndolos a reuniones eternas y a insultos lanzados por los más obsecuentes lambones al servicio del régimen como los senadores Roy Barreras y Armando Benedetti, cuando éstos no emanan de la boca del propio presidente de la República. (Puede leer “Lagartos y desinformadores”).

Bueno es culantro, pero no tanto. Todo debe tener un límite y va llegando la hora de que los dirigentes políticos que llevan la vocería del NO se levanten de la mesa y le exijan al gobierno que, de una vez por todas, tome decisiones, defina la situación y deje de caramelearlos.

@IrreverentesCol