Esta semana se perfeccionará un acuerdo entre la corte suprema de justicia y el capturado senador cordobés, Bernardo Ñoño Elías, quien fue privado de la libertad en el marco de la investigación por el escándalo de Odebrecht.

Si la corte suprema acepta la oferta de colaboración del Ñoño, de seguro habrá un verdadero terremoto político en Colombia, pues si alguien sabe realmente lo que sucedió con los ríos de dinero que Odebrecht puso a circular para corromper funcionarios públicos es él.

La corrupción no tiene justificación alguna. Está muy bien que el hoy exsenador Elías ofrezca excusas y muestre arrepentimiento, pero resulta inaceptable que alegue que él se dejó corromper para ayudarle a la paz de Colombia.

El Ñoño olvida que la corrupción es una de las peores agresiones que se puede cometer contra la sociedad.

Lo importante es que su colaboración sea efectiva, pero sobre todo completa. Que revele los nombres de todas y cada una de las personas que se beneficiaron con el dinero de Odebrecht y aquellas que se prestaron para favorecer los intereses de esa empresa.

Si el costo que la sociedad tiene que asumir para compensar la colaboración del Ñoño es el de permitir que él pague una pena reducida, pues bienvenido sea. Lo que sí no se puede permitir es que su delación sea parcial y que él se preste para encubrir a poderosos aliados políticos suyos. En este caso, aplica la máxima popular que sostiene que una verdad a medias es peor que una mentira.

Es mucho lo que el otrora poderoso senador de Sahagún tiene por contarle a la justicia, particularmente en lo relacionado con el papel de las influyentes exministras Cecilia Álvarez y Gina Parody en todo el proceso de adjudicación a dedo de la carretera entre Ocaña y Gamarra, obra por la que Odebrecht recibió la multimillonaria suma de $900 mil millones de pesos.

Armando Benedetti, senador señalado por la fiscalía de tener vínculos con Odebrecht

Así mismo, deberá contarle al país cómo operaba la banda de congresistas corruptos denominados Los Bulldozer, que estaban al servicio de los intereses oscuros de Odebrecht. En dicho grupo de parlamentarios, se encuentra el cuestionado senador Armando Benedetti.

  • Sobre estos senadores involucrados en actos de corrupción, le recomendamos leer El bulldozer.

Un hecho inédito

Lo interesante de la colaboración que está perfeccionando el Ñoño Elías es que ésta no tiene antecedentes. Los congresistas son investigados y juzgados por la ley 600, es decir bajo un sistema penal inquisitivo en el que no hay espacio para figuras como el principio de oportunidad, el cual fue incorporado a través del sistema acusatorio que se encuentra vigente.

Así que con esta oferta de colaboración, se está abriendo el camino para que aquellos funcionarios que gozan de fuero puedan colaborar con la justicia a cambio de rebajas sustantivas en sus condenas. Ello, facilitará el esclarecimiento de la verdad y ayudará a combatir la impunidad.

El Ñoño Elías, que a estas altura tiene poco que perder, pero sí mucho por ganar, tiene ante si mismo una importante oportunidad para resarcir el daño tan grande que le ha hecho al país. Su vida política se acabó, pero en sus manos está la de ayudarle a la justicia a conocer el tamaño exacto del entramado de corrupción que se erigió durante el gobierno de Juan Manuel Santos y del que hicieron parte personas cercanas al primer mandatario como el cuestionado comisionista, Roberto Prieto y las muchas veces salpicadas Gina Parody y Cecilia Álvarez Correa.

El país espera entonces, que el Ñoño cante la canción completa y en el tono de voz que corresponde. Acá no hay espacio para partituras editadas, ni convenientemente recortadas.

@IrreverentesCol

Publicado: enero 22 de 2018