El sector “light” de los progres criollos están viendo al rector de la universidad de Los Andes, Alejandro Gaviria como su candidato idóneo para la presidencia de la República.

Gaviria, que posa de moralista, pero a renglón seguido hace una nauseabunda apología del ateísmo, atacando con virulencia a la Iglesia y burlándose de la gran mayoría colombiana que es Creyente, antes de pensar en una candidatura tiene que explicar muchas situaciones que desdibujan su supuesta transparencia.

La primera de ellas, la presencia de su cuestionada esposa, Carolina Soto en la junta directiva del Banco de la República nombrada por Santos cuando él -Gaviria- era ministro de Salud. Un nauseabundo caso de nepotismo.

Lea Alejandro Gaviria ‘el moralista’

Un grupo de artistas colombianos -dicen que son 50- invitaron públicamente a Alejandro Gaviria para que abandone la rectoría de Los Andes con el fin de que se lance a la presidencia de la República.

La petición, que es presentada con el slogan “Gaviria, di que si” fue lanzada a finales del mes pasado, pero hasta ahora se ha conocido.

Este hecho, obliga a recordar lo sucedido en las elecciones presidenciales de Colombia en el año 2010. En aquel certamen, casi todos los actores, cantantes, directores y demás, apoyaban públicamente la candidatura del profesor Antanas Mockus, quien enfrentaba a Juan Manuel Santos.

Los resultados electorales de ese año son una demostración incuestionable de que los artistas son buenos para entretener, mas no para convencer ni guiar a los ciudadanos. Mockus fue aplastantemente derrotado por un Santos que en aquel momento engañó a los colombianos haciéndoles creer que él, efectivamente, era el candidato que le daría continuidad a las exitosas y muy populares políticas puestas en marcha por el presidente Uribe desde el año 2002.

Así como un político tiene serias dificultades para ser un buen actor, los actores no tienen condiciones para ser políticos. Desdibujan su función abusando del reconocimiento que tienen gracias a su profesión, manipulando a los ciudadanos a través del activismo político.

Alejandro Gaviria no fue buen ministro de Salud. Tampoco es tan transparente como él mismo se presenta y, lo más grave, su intolerancia es algo muy preocupante.

Más del 80% de los colombianos profesan una creencia religiosa. La mayoría de ellos son cristianos y muy difícilmente van a confiar en un candidato que los desprecia por su filiación y que despotrica de Dios.

Gaviria se muestra como un ser superior en materia intelectual al pretender justificar la inexistencia de Dios y, como los marxistas, descalifica a los creyentes dando a entender que los dogmas de la fe impiden el avance de la humanidad. Algo totalmente inaceptable y fácilmente rebatible.

Gaviria ha dicho pública y reiteradamente que no va a incumplir su compromiso con la universidad de Los Andes, razón por la que permanecerá al frente de la rectoría de ese centro académico. Habrá que esperar con mucho recelo si cumple su palabra o, si por el contrario, se deja seducir por los otrora jefes de campaña de Antanas Mockus y se lanza a buscar la presidencia de un país integrado por ciudadanos que difícilmente le entregarán, con su voto, el poder a un sujeto que se precia de ser ateo y que, en consecuencia, desde un eventual gobierno perseguirá a las múltiples expresiones religiosas que hay en Colombia.

@IrreverentesCol

Publicado: junio 22 de 2021