El atentado terrorista en el Centro Comercial Andino de Bogotá es un nuevo golpe a la moral del país y nos tiene que poner a pensar a todos con preocupación.

El ataque se produjo en uno de los sectores más exclusivos y concurridos de la capital colombiana. La bomba explotó la víspera de la celebración del Día del Padre.

Eso equivale a decir que el Andino estaba atestado de gente cuando la detonación y que, en consecuencia, la cifra de muertos y heridos pudo haber sido mucho mayor. (Dolorosamente murieron tres mujeres. Paz en sus tumbas).

Los terroristas, que en Colombia hay por montones y de todas las tendencias ideológicas, muy seguramente aprovecharon la situación que actualmente atraviesa el país. Veamos:

Por un lado, a las autoridades les es difícil ubicar a los responsables de semejante monstruosidad en momentos en que la guerrilla de las Farc ha pactado un proceso de paz con el gobierno del presidente Juan Manuel Santos.

No sería yo tan torpe y temerario como para decir que lo del Andino fue un ataque perpetrado por esa guerrilla. Creámosle en sus buenas intenciones de paz. Sin embargo, no olvidemos que en el pasado sus integrantes hicieron cosas iguales y hasta peores.

Para muestra un botón: el bombazo del 7 de febrero de 2003 al Club El Nogal de

Bogotá. El saldo trágico: 36 muertos y casi 200 heridos.

Esa vuelta en El Nogal, por orden del llamado secretariado de las Farc, la perpetraron los hombres de Hernán Darío Velásquez Saldarriaga, conocido con los alias de “el Paisa” y “Óscar Montero”.

La noche del atentado en El Nogal, los de las Farc estaban más dementes que de costumbre: en el interior del club también hicieron volar también a los dos hombres que ingresaron el carro bomba: Oswaldo Arellán y su sobrino John Fredy Arellán. Ni siquiera con ellos, que eran sus compinches, los guerrilleros fueron leales.

Durante años y años las Farc negaron su responsabilidad en los hechos de El

Nogal, pero recientemente aceptaron su culpabilidad y hasta pidieron perdón.

Descartadas las Farc en el atentado al Andino, la lista de primeros sospechosos –así sus jefes lo nieguen– tiene que ser encabezada por los del Eln que, dicho sea de paso, siempre ha sido una organización tan terrorista como en su momento lo fueron las Farc.

Así por encima, el Eln hizo incendiar en octubre de 1998 el poblado antioqueño de Machuca e hizo morir quemadas a más de 80 personas.

Para no ir muy lejos con el Eln, en octubre de 1989 sus secuaces dieron muerte a monseñor Jesús Emilio Jaramillo Monsalve, a la sazón obispo de la ciudad de Arauca.

Y para terminar con las “hazañas” del Eln, no sobra recordar que entre 1981 y

2014 asesinó a 126 mujeres en los departamentos de Arauca, Boyacá y Casanare “por ser novias de policías y soldados”, según una investigación de la Fiscalía General de la Nación revelada en mayo del año pasado.

En el segundo lugar de los eventuales responsables del atentado en el Andino aparecen narcos y paramilitares, o mejor, narco-paramilitares ya que finalmente son la misma cosa.

Por ahí dicen que existe un tal clan del Golfo, en cabeza de un sujeto llamado Dairo Antonio Úsuga, conocido con el alias de “Otoniel”.

Aunque los integrantes de esta banda (que han sido capaces de paralizar departamentos como Antioquia y casi todos los de la Costa Atlántica) no tienen “ideología” distinta a la del dinero que produce la cocaína, su participación en los hechos del Andino no es descartable para hacerse notar y tratar de alegar una inexistente militancia política.

Existe, según los organismos de inteligencia, un grupito de malhechores que dicen pertenecer a una cosa llamada Movimiento Revolucionario del Pueblo o MRP.

Yo, en realidad, no le atribuyo ningún protagonismo en el país a esta bandita. Tampoco creo mucho que sean los autores del ataque en el Andino. Lo que pasa es para las autoridades lo más fácil es acomodarle el atentado a un conocido por todos –como en la época de Pablo Escobar– o a un absoluto desconocido, como en este caso, al MRP.

Así las cosas, cualquier colombiano está en todo su derecho de dudar que la investigación por el bombazo en el Andino vaya a llegar a feliz término. O al menos en lo que se refiere a los verdaderos responsables.

No sería raro que terminen procesados dos o tres gatos ajenos a los hechos, máxime cuando las autoridades dan papaya con la publicación de dos retratos hablados y horas después advierten que aquellos no podían considerarse certeros dentro de las pesquisas.

En pleno año 2017, en el siglo de la tecnología, las cámaras de seguridad ubicadas en las calles y edificios, así como los teléfonos celulares, son capaces de aclarar episodios como los del Andino.

@CancinoAbog

Publicado: junio 23 de 2017