Hay dos elementos que están íntimamente ligados al asesinato de Álvaro Gómez Hurtado: la financiación de la campaña de Ernesto Samper con dineros del narcotráfico y la oposición emprendida por él a través de sus editoriales en el diario El Nuevo Siglo.

¿Por qué lo mataron? Ese es el interrogante que se ha hecho el país en general y la familia del dirigente en particular a lo largo de estos últimos 25 años y la respuesta es evidente: el doctor Gómez era la persona que más incomodidad le causaba al gobierno corrupto de Ernesto Samper Pizano. 

Diariamente, el país conocía nuevas evidencias del maridaje de Samper con el hampa. Grabaciones suyas hablando con Elizabeth Montoya de Sarria, conocida de autos como La Monita Retrechera, probaban que el presidente de la República era una sujeto que -como los cerdos- se revolcaba tranquilamente en los inmundos lodazales de la mafia. 

En su momento, Santiago Medina, tesorero de Samper, le confesó al país el nivel de cercanía que existía entre el expresidente y la mafiosa. 

El libro que él alcanzó a escribir antes de su muerte, La Verdad sobre las Mentiras es prolífico. Cuenta todos los detalles de la relación entre el exmandatario y el narcotráfico. En una de las grabaciones entre ellos dos, la monita le dice a Samper que tiene necesidad de verlo para entregarle un anillo que ella compró en la joyería Andy Ross para que él -Samper- se lo regalara a su esposa Jacquin Strouss. “Es un diamantico, pero precioso”, le advirtió la señora Montoya a su amigo Ernesto Samper Pizano. 

Cuenta Santiago Medina que los vínculos de Samper con la Monita empezaron a tejerse en 1990, cuando aquel intentó ser candidato presidencial por el partido liberal y ella “había colaborado activamente en la consecución de dineros para la consulta popular (…) en los departamentos de Valle, Cauca y Nariño”. 

La indagatoria de Santiago medina fue el punto de inflexión en la postura de Álvaro Gómez. Antes de que se conociera aquella pieza procesal, el dirigente conservador había insistido en darle la oportunidad al presidente de aclarar los señalamientos que se le hacían. 

Pero la confesión del tesorero no dejó espacio para las dudas. En uno de sus primeros editoriales contra el presidente, el doctor Gómez Hurtado escribió: “En este momento lo que está en entredicho es la propia legitimidad de la elección presidencial. Si a un congresista se le comprueban determinados actos delictuosos, pierde su investidura. Eso mismo debería suceder con el jefe de Estado si ha incurrido en un delito (…) El señor Santiago Medina pareciera como si hubiera salido de los infiernos a donde debe volver. Ahora resulta ser el único responsable de todo lo que haya pasado ‘a espaldas’ del candidato, hoy presidente, con los dineros que ingresaron a la campaña. Y para colmo de sus males al señor Medina ya nadie lo conoce, nadie hablaba con él, nadie sabe cómo operaba, nadie lo había recomendado”.

La oposición planteada por el doctor Gómez era inquebrantable. Por regla general, las confrontaciones políticas abren espacio para las dudas o controversias. Este no era el caso por una razón potísima: Álvaro Gómez era el colombiano con mayor entidad para proyectar una oposición moral, y así sucedió. 

Los áulicos de Samper, esos mismos que se han prestado para desviar el curso de la investigación y para asesinar a cuantos testigos sea menester, han intentado vender la tesis de que el jefe conservador estaba al servicio de un golpe de Estado. 

Aquella bellaquería, es un contrasentido. Gómez Hurtado era un demócrata como pocos. Un defensor de la legalidad y un verdadero baluarte del Estado de Derecho que jamás se habría prestado siquiera para oír una propuesta que no se ajustara íntegramente a las reglas de la institucionalidad. 

Dinero empacado en cajas envueltas en papel de regalo

¿Cómo negar la operación criminal montada por Samper para ganar las elecciones? ¿Cómo guardar silencio cómplice al respecto? 

Retomando la célebre indagatoria de Medina, en ella  describió la manera como los hermanos Rodríguez enviaban los fondos acordados: “Los dineros que el doctor Botero [Fernando Botero Zea, gerente de la campaña] autorizó que me entregaran fueron llevados una vez por Alberto Giraldo y dos veces por Eduardo Mestre directamente a mi casa en cajas de cartón envueltas en papel de regalo, de más o menos quinientos millones cada una, eran seis cajas. No solo estos dineros de los señores Rodríguez se recibieron, hubo apoyo de personas que pertenecen a otros carteles de la droga, los del cartel de la Costa entregaron sumas muy grandes en los departamentos del norte que en parte fueron recibidas por el actual ministro Armando Benedetti quien coordinaba los departamentos de la costa Atlántica, como es el caso de la famosa avioneta de Córdoba que llevaba ciento ochenta millones de pesos en efectivo y que fue detectada por la policía… En una declaración libre y espontánea que rendí hace unos días, la Fiscalía me preguntó si yo conocía al señor Jesús Sarria [esposo de la Monita Retrechera], yo le contesté que sí, que era un amigo del doctor Samper…”.

La mayor preocupación que tenía el gobierno de Samper era, precisamente, que Medina hablara. Luego de su captura, era perentorio garantizar su silencio. 

Cuando el extesorero se encontraba confinado en los calabozos del DAS [entidad cuyo director era el cuestionado Ramiro Bejarano Guzmán], ocurrió un hecho insólito, según le respondió Medina a la fiscalía, cuando ésta le preguntó si había sido “amenazado para que ocultara a las autoridades la información que ha revelado en esta diligencia…”. 

La respuesta fue escalofriante: “Recibí insinuaciones de varias personas, del Ministro de Gobierno doctor Horacio Serpa, de mi abogado el doctor Ernesto Amézquita y del director del DAS, Ramiro Bejarano, ellos me insistieron cuando manifesté mi deseo de comentarle a la Fiscalía la verdad sobre todo esto, que primero yo no sacaba nada enlodando al resto de personas, que era más fácil someterme a un encarcelamiento por todo esto y buscar los medios jurídicos para poder lograr mi libertad, además de que indirectamente se me insinuó que mi comodidad y el sitio de reclusión dependían de la forma como yo me manejara en la Fiscalía”.

Las revelaciones de Medina pusieron contra las cuerdas a Fernando Botero quien fue capturado a las pocas semanas. 

En el editorial posterior a esa detención, el doctor Gómez escribió: “Perdida la credibilidad, se vuelve irrisoria y protuberante la ilegitimidad del fideicomiso que la voluntad de la nación le ha entregado al jefe de Estado para gobernar. Se torna así imposible la tenencia del mando y en tal circunstancia hay que buscar salidas que permitan un cambio. Existen en la historia política del país antecedentes ilustrativos sobre el particular. El general Reyes cuando vio que le quedaba imposible seguir mandando, se fue para Santa Marta y desde allí abandonó el país. El señor Suárez, con discreción y humildad, dejó el gobierno. Alfonso López Pumarejo renunció a la Presidencia y el Congreso eligió como designado a Alberto Lleras Camargo… Estos antecedentes son prueba de que Colombia ha podido superar crisis presidenciales y que cuando los mandatarios pierden la credibilidad hay que facilitarles una solución digna para que puedan hacer dejación del mando…”.

IGNACIO LONDOÑO, EL ENCARGADO DEL CRIMEN

Se ha establecido plenamente que uno de los más peligrosos miembros del cartel del Norte del Valle, Ignacio Londoño Zabala alias Nacho, fue la persona encargada de afinar los detalles para acabar con la vida de Álvaro Gómez Hurtado. 

En declaración dada a la fiscalía colombiana, el capo extraditado a los Estados Unidos, Hernando Gómez Bustamante alias Rasguño, contó con lujo de detalles la forma como se planificó el asesinato del doctor Gómez. 

La mafia temía que el gobierno de los Estados Unidos tumbara a Samper y por ahí derecho se procediera a la captura y extradición de los principales capos del narcotráfico y por tal motivo ellos -los mafiosos- acordaron que había que proteger, al precio que fuera, al presidente Ernesto Samper. 

Para los narcos, Álvaro Gómez era la gran amenaza que se cernía sobre el gobierno. Según Rasguño, ellos trataron de acercarse a él con el propósito de sobornarlo, algo absolutamente descabellado. En palabras del capo, “al doctor Álvaro fue imposible arrimarle, tratamos por todos los medios de buscarle arrimar para que se quedara quieto y ese hombre es muy jodido, ese hombre no quiso recibir plata ni quiso recibir a nadie”.

Cuando la situación de Samper era perfectamente insostenible, entró en escena Ignacio Londoño Zabala, amigo íntimo y compañero de brega política de Ernesto Samper, pero sobre todo de Horacio Serpa. 

La versión de Rasguño indica que Nacho Londoño fue hasta la guarida del jefe del cartel del Norte del Valle, Orlando Henao con un mensaje de Ernesto Samper y de Serpa. La razón era contundente: había que asesinar a Álvaro Gómez.

Cuenta Fernando Henao, hermano menor de Orlando, que dada la magnitud del encargo, el capo exigió reunirse personalmente con Horacio Serpa para efectos de oír de su propia boca la solicitud. La reunión se coordinó y tuvo lugar en un apartamento ubicado en el barrio Multicentro, en el norte de Bogotá. Allí, Serpa confirmó el mensaje que previamente había transmitido a través de su lugarteniente, Nacho Londoño Zabala. 

En la estupenda obra del profesor Juan Esteban Constaín sobre la vida y obra de Álvaro Gómez, en el primer tomo se incluyó una maravillosa y finamente redactada biografía del dirigente conservador. 

El texto empieza narrando los últimos minutos de su vida: “El 2 de noviembre de 1995, Álvaro Gómez Hurtado llegó a tiempo a la Universidad Sergio Arboleda, como había llegado a tiempo a casi todas las cosas de su vida, desde niño…”.

Dos días antes de su asesinato, publicó un último editorial en El Nuevo Siglo, en el que se concentró  en la operación de Samper y los suyos consistente en desacreditar a Santiago Medina: “Con lo que se conoce de ese proceso, la opinión pública ha llegado a una evidencia: que en la campaña presidencial del señor Samper sí hubo dineros del narcotráfico, que fueron cuantiosísimos, que se emplearon intensamente para ganar la segunda vuelta de las elecciones, y que finalmente se obtuvo un triunfo por una débil mayoría, que bien pudo ser comprada por las millonadas de recursos ilícitos que se gastaron… Se debe recordar que desde el principio, altos funcionarios intentaron obtener la garantía de su silencio [el de Santiago medina]… Desde entonces, todo el empeño se ha puesto en destruir la confiabilidad del tesorero. Se lo está apercollando, palabra castiza que viene muy bien al caso…”.

A eso de las 10.20 de la mañana de aquel 2 de noviembre, una ráfaga de ametralladora rompió el silencio de la Universidad Sergio Arboleda. El doctor Gómez Hurtado fue brutalmente asesinado por ese Régimen inmundo al que él, gracias a su fuerza moral, tenía en jaque. 

@IrreverentesCol

Publicado: mayo 1 de 2020