La medida contra el presidente Uribe no será, ni mucho menos, la última acción de la extrema izquierda. 

El gobierno Duque ha sufrido una importante debilidad política desde el primer momento. La desconexión con su electorado empezó a producirse desde el momento en que configuró a su equipo de gobierno. Muchos uribistas no fueron tenidos en cuenta mientras que agentes del santismo terminaron ratificados o nombrados en algunos cargos del Ejecutivo.

Igualmente, las gestiones de las primeras ministras de Interior y Justicia, encargadas de temas fundamentales, fueron un fracaso oceánico. Aquello debilitó irremediablemente al gobierno que se tardó en hacer unos cambios que cuando se produjeron, desafortunadamente no surtieron efecto.

La pandemia puso en jaque al país. El gobierno ha hecho un gran esfuerzo para hacerle frente a la crisis de salud pública asumiendo un costo monumental.

La relación de Duque con su partido pasa por un mal momento. Desde que se produjo la decisión contra el presidente Uribe, no ha convocado una reunión con su bancada, a pesar de que muchos parlamentarios lo han solicitado. 

La iniciativa de la Constituyente es válida y legítima. Aquella, es ante todo una gran herramienta de acción política. El presidente Duque ha expresado sus dudas respecto de aquella, pero bien valdría la pena que en sus consideraciones y ponderaciones tuviera en cuenta que ese o cualquier otro mecanismo que incluya la participación ciudadana, servirá como camino para que se reencuentre con sus electores. 

El gobierno está asediado por todos los frentes. Ahora, el consejo nacional electoral aprovechó el mal momento para anunciar la apertura de una investigación en contra de la campaña que llevó al doctor Duque Márquez a la presidencia de la República. 

Es evidente que el gerente de la misma, Luis Guillermo Echeverri hizo un manejo transparente y honorable. La historia de la denominada Ñeñepolítica,  es una verdadera patraña con un evidente propósito desestabilizador. 

El presidente Duque y sus asesores más cercanos, tarde o temprano terminarán por entender la magnitud de la crisis institucional que se vive en el  país, crisis que tiene un revestimiento ficticio de legalidad y por eso, no son pocos los que ingenuamente se apresuran a “acatar” las determinaciones adoptadas aunque aquellas sean en la práctica medidas atentatorias contra las instituciones y la estabilidad del Estado de Derecho. 
El señor presidente Duque está asediado. La extrema izquierda lo tiene en la mira. El dirigente de las Farc, Iván Cepeda notificó que lo hará investigar por la corte suprema, esa misma que sigue a pies juntillas todas sus instrucciones.

Está en manos del presidente Iván Duque darle un nuevo rumbo al país. Más que ajustes al gabinete, se requiere la determinación del Ejecutivo para avanzar y sacar adelante la reforma a la justicia que demanda el país, ya sea a través de una Constituyente o de cualquier mecanismo de participación ciudadana contemplado en la Constitución.

De lo contrario, en pocos meses, la suerte del presidente de la República estará del todo echada y del asedio que hoy se percibe, se pasará a la desestabilización total, con las consecuencias que aquello acarreará. 

@IrreverentesCol

Publicado: agosto 12 de 2020