Se necesitó de una equivocación para que el alcalde de Bucaramanga quedara atrapado en el entramado tendido por sus opositores. El hecho conocido por todo el país donde Rodolfo Hernández le pega un arepazo al concejal Jhon Claro es solo una fotografía, una imagen, de varios enfrentamientos entre la vieja clase política santandereana y lo que representa y simboliza el alcalde.

Nunca debió ocurrir esa agresión, quien actuó ahí no era la persona natural de Rodolfo Hernández, fue el alcalde de Bucaramanga: eso implica dignidad, responsabilidad, ejemplo, autoridad, liderazgo. La reunión entre alcalde y concejal fue construida para indisponer al alcalde, sino es así, para que armaron toda esa puesta en escena construida con astucia y malicia, utilizando un actor de reparto, un concejal gris en el ejercicio de su concejalía, taciturno, silente, misterioso e indescifrable.  Una charla entre dos hombres de la tercera edad no puede desarrollarse en medio de cámaras y micrófonos, entre funcionarios y contratistas. Ese dialogo debió ser en privado para que la verdad y la sinceridad no fueran manoseadas, pero pesó más los afanes de los asesores del alcalde quienes lo metieron de cabeza en lo que ellos consideraban sería otra victoria mediática, ¡perdieron!  

No entrare en aspavientos para narrar o censurar el hecho, lo hecho, hecho esta, el alcalde se equivocó, tendrá que asumir los efectos jurídicos de su equivocación: “Dura lex, sed lex”. Tampoco arremeteré contra los organismos de control, el Procurador, con celeridad o sin ella, aplica la norma, es su deber con Rodolfo Hernández o con el sujeto disciplinado que sea. El problema incorregible de Rodolfo Hernández que lo llevó a cometer la falta disciplinaria fue no entender nunca la diferencia abismal que existe entre gerenciar su empresa constructora donde él es amo, señor y dueño, a regentar la Alcaldía de Bucaramanga donde las normas milimétricas parecen más minas quiebra patas que apoyos legales del funcionario público.   

El triunfo de Rodolfo Hernández en las urnas de por si fue su primer arepazo. Nadie daba un peso por la candidatura de un ingeniero de 72 años quien pretendía ganarle las elecciones al poderoso Partido Liberal quien venia gobernando la ciudad por décadas, quien designaba alcaldes en conciliábulos con el posterior voto sumiso de los electores. Rodolfo Hernández junto a su hermano Gabriel leyeron con inteligencia el agotamiento, indignación y rechazo que crecía en silencio entre los ciudadanos que se cansaron de los abusos del Partido Liberal, vendieron su filosofía política de la “Lógica Ética y Estética” y ganaron.  

La elección de Rodolfo Hernández fue voto protesta de más de 75 mil bumangueses hastiados por un sinnúmero de escándalos de corrupción que sobrepasaron todo orden y entendimiento. La elección de Rodolfo Hernández fue un voto contra la parcelación de secretarias e institutos otorgada por el alcalde de turno a concejales para que fueran administrados como tienda de barrio, para que fueran su fortín burocrático y electoral. La gente en Bucaramanga se canso de los Moreno Rojas, de los Honorios, de los Fernando Vargas, de los Luchos Bohórquez quienes mantenían la paz romana en la ciudad, las formas, las buenas maneras, el protocolo que no incomoda a nadie.

 Rodolfo Hernández es un hombre temperamental, testarudo, terco, tozudo, obcecado, dueño de sus razones y convicciones, un hombre exitoso y millonario quien no le debe a nadie sus triunfos, representante de la mentalidad ancestral del santandereano: quien era riguroso a la hora de defender el concepto territorial, el que no permitía que le corrieran la cerca. Rodolfo Hernández y su arepazo representan parte de lo que fue y siguen siendo los santandereanos, reaccionarios.  

La administración de Rodolfo Hernández tiene aciertos y desaciertos. La ciudad le reconoce, lo dicen las encuestas y su popularidad, su estilo de gobierno, su lucha frontal contra la corrupción, la diversidad y pluralidad de oferentes en licitaciones como ocurrió con el PAE donde a diferencia de otros entes territoriales es modelo y referente a nivel nacional. Los sectores populares le reconocen las obras civiles en la periferia sin que medie exigencia o chantaje electoral con los beneficiados. Se equivocó cuando fue condescendiente con la informalidad e ilegalidad argumentando razones sociales y culturales; fue torpe al confundir la política con los políticos, la política exige respeto, los políticos se controvierten y se derrotan con argumentos. Pero su mayor lunar fue el manejo desafortunado del proceso de transformación de basuras que mereció una columna de parte mía en este portal.     

Bucaramanga pasó de tener alcaldes suspendidos, destituidos, inhabilitados, condenados y presos por meterle la mano al presupuesto público a uno suspendido por meterle la mano a un concejal. Rodolfo Hernández intento en varias ocasiones dialogar con el concejo de Bucaramanga quien respondió aplicando moción de censura a su secretaria de hacienda quien venía ejerciendo labor fiscal eficiente o apagándole el micrófono en plenaria del concejo cuando el alcalde pretendía argumentar varios proyectos de acuerdo entre ellos el empréstito para recuperar la malla vial.  

Rodolfo Hernández se dejo llevar por sus emociones, reaccionó, no pensó, tal vez por la soledad, por la insolidaridad del establecimiento regional acostumbrado a ensalzar, alabar, manipular y presionar al gobernante de turno para que se hagan las cosas como ellos quieren, como ellos piensan, los mismos que hoy lo dejan solo en su batalla quijotesca contra las mañas que se apoderaron de Santander.

@LaureanoTirado

Publicado: diciembre 3 de 2018