A cuál Gustavo Petro debe creérsele, al que dice que nada tuvo que ver con la toma del Palacio de Justicia en noviembre de 1985, o al que escribió un libro sobre esa acción terrorista con la periodista Maureén Maya.

En dicho documento, Petro se refiere a dicha toma como si él hubiera participado en la planificación del mismo, justificando los motivos por los que un comando criminal entró a la principal sede de la justicia colombiana para adelantar un “juicio” -léase fusilamiento- contra el presidente de la República de la época, Belisario Betancur, a quien señalaban de haber traicionado un acuerdo con el M-19.

En un video que es público, Petro explicó que la toma se hizo porque “se trataba de ponerle una demanda jurídica al gobierno, al presidente por el incumplimiento de unos acuerdos en donde estaba su firma y entonces la operación era, básicamente, presentar esa demanda jurídica y defenderla ante la corte suprema de justicia y ante el país. Y por tanto colocamos también los principales cuadros, abogados y juristas que tenía el M-19 en ese momento, con las armas al hombro. Por eso está el exparlamentario y abogado Andrés Almarales, también al frente del operativo y está un constitucionalista como Alfonso Jacquin, profesor de derecho constitucional de la universidad del Atlántico y otros…”.

En otro reportaje expresó: “El ejército entendió que estábamos suficientemente armados como para resistirlos si su operación fuera simplemente de infantería, durante días, semanas o incluso meses…

Tan clara fue la participación de Petro en los dramáticos hechos del Palacio de Justicia, que el 31 de enero de 1989, el juez de instrucción criminal Uriel Alberto Amaya decretó medida de aseguramiento en contra de Gustavo Petro -y un nutrido grupo de hampones del M19- como autor de la siguiente colección de delitos: homicidio, tentativa de homicidio, secuestro y falsedad.

En reciente entrevista para la revista ‘Semana’, el dirigente socialcomunista trató de manipular la realidad respecto de su responsabilidad en la matanza del Palacio de Justicia, diciendo que durante la toma él supuestamente estaba siendo “torturado”.

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Al preguntársele por el asunto, el jefe de la banda terrorista le respondió a la periodista que “[cuando ocurrió la toma] Estaba preso y torturado (…) Y entonces, ¿quién vela por el hecho de que a un joven, el mejor estudiante del Externado en economía, lo hubiesen torturado en el Cantón Norte y tratado como a un perro, arrojado a los calabozos de las cárceles de Bogotá? ¿Quién habla de eso?…”.

Primero, hay que determinar qué tan cierto es eso de las torturas. En el año 2007, Petro aseveró que a él lo había torturado el coronel Plazas Vega. Cuando se indagó un poco sobre tamaña acusación, resultó que la época en que supuestamente ocurrieron esas “torturas”, Plazas no estaba en Colombia, pues se encontraba adelantando unos estudios en España. Ante las evidencias que desmentían su acusación temeraria, Petro se vio forzado a recular, alegando que entonces “había sido algún oficial del ejército con bigote”.

No hay que llamarse a engaños. Hoy, Petro se intenta mostrar como una suerte de arcángel que no ha cometido delitos ni alberga en su alma resentimientos ni rencores, cuando la realidad es diametralmente opuesta.

Su aspiración es la de llegar al poder para ajustar cuentas. Perseguir a los ricos, agobiar a la clase media, encarcelar a opositores y cercenar la libertad de prensa, entre muchas otras acciones propias de los socialcomunistas.

@IrreverentesCol

Publicado: marzo 17 de 2021