“La reunión era para insistirles a ellos (Farc) en la necesidad de que tienen que ir a la JEP a reconocer toda la verdad y reconocer responsabilidad, que eso es fundamental, que cumplan el acuerdo, si es necesario se harán otras diez reuniones (…) Pero con la descarada invasión a mi privacidad y la de mi familia por parte de algunos voceros de la extrema derecha quedo muy preocupado.” Juan Frenando Cristo.

Empiezo por decir que preocupación la de los moradores del conjunto residencial, pues ver uno que a su edificio, de noche, sin previo aviso, llegue una caravana de vehículos blindados y que de ellos descienden los más temidos y repudiados narcoterroristas de las FARC, “Timochenko”, “Pablo Catatumbo”, “Pastor Alape” y “Carlos Lozada”, acompañados por el no menos temible Iván Cepeda y por el del Nobel, para reunirse en el apartamento de uno de los vecinos, tiene que ser alarmante.

Que al señor Cristo le guste llevar hampones de esa calaña al seno de su familia, no quiere decir que el resto de copropietarios tenga que convenir con esa desagradable práctica.

Ahora bien, si realmente fuera cierto que están interesados en que los criminales de lesa humanidad de las FARC, digan la verdad, pidan perdón y reparen a las víctimas, la reunión debería haberse hecho pública y ante una entidad competente, con quienes participaron como negociadores, y exigiendo seriedad y rigor por el compromiso adquirido o, de lo contrario, informales el cese de garantías y el paso a la justicia ordinara o a la Corte Penal Internacional.

Queda demostrado que lo de La Habana no fue un acuerdo de paz, fue un convenio entre sectores de extrema izquierda para tomar decisiones políticas, donde los criminales de las Farc quedaron blindados con ventajas que ningún otro colombiano tiene y que hacen lo que les viene en gana porque se saben intocables.

Tan veraz y efectiva fue la reunión, que a los cuatro días alias “Timochenko”, a pesar de las supuestas recomendaciones y con la infinidad de evidencias que reposan en la Fiscalía y en la JEP, donde compareció, negó todo lo relacionado con el reclutamiento y abuso de menores.

Lo cierto es que nos quedó un país mancillado, con un puñado de criminales de lesa humanidad legislando en el Congreso (Partido FARC), el resto en el monte delinquiendo (FARC-EP) y administrando el negocio de la coca, y un expresidente que vive en el exterior pavoneándose por el mundo exhibiendo un premio Nobel de Paz conseguido de manera indigna, que dice estar retirado de la política pero que con cierta frecuencia aparece por estos lares para que a escondidas, como todo lo suyo, le rindan cuentas de ese macabro tinglado que domina.

Vaya uno a saber, entonces, que maquinarían esos sórdidos personajes reunidos furtivamente, justo al día siguiente de que el expresidente Uribe, consiguiera zafarse de la trampa que le habían tendido en Corte Suprema de Justicia, se conociera la totalidad su expediente y salieran a la luz pública los jugosísimos contratos del magistrado Reyes.

Nada bueno, en todo caso, puede haber salido del aquelarre de Los Alpes.

@cdetoro

Publicado: septiembre 12 de 2020