2018 fue el año en el que Colombia recuperó la esperanza perdida durante el nefasto gobierno de Juan Manuel Santos. A través de un proceso democrático muy complejo, en contra de las trampas y las persecuciones, el uribismo, en cabeza del doctor Iván Duque Márquez, ganó las elecciones presidenciales, salvando a nuestro país de la amenaza castrochavista que encarna el corrupto Gustavo Petro, político de extrema izquierda, íntimamente vinculado con estructuras mafiosas de las que recibe bolsas llenas de dinero en efectivo, tal y como el país pudo constatar en las últimas semanas del año que culmina. 

La situación que recibió el nuevo gobierno no es, ni mucho menos, halagüeña. Las finanzas públicas se encuentran en un estado de postración preocupante, realidad que obligó al ministro de Hacienda a presentar una ley de financiamiento con la que se busca recaudar los recursos necesarios para sufragar los costos de múltiples proyectos y programas sociales. 

En materia de seguridad, el crimen reverdeció. Nuestro territorio se inundó con plantas de coca y los grupos armados ilegales fortalecieron su presencia en buena parte de la geografía nacional.

Los lamentables hechos que se presentaron en el municipio de Mapiripán, donde murieron 6 personas, son la muestra de la lucha intestina que se libra en nuestro país entre estructuras ilegales que buscan tener el control absoluto del tráfico de estupefacientes.

Comenzando el mes de diciembre, el presidente Duque y su ministro de Defensa, Guillermo Botero, presentaron una nueva y estupenda cúpula de las Fuerzas Militares. Se trata de generales y almirantes de la más alta calificación y compromiso que revertirán, sin duda ninguna, el estilo pasivo y acobardado de los anteriores comandantes, particularmente del general Mejía, un sujeto de ingrata recordación que, sin duda, es una vergüenza para los anales de nuestra historia militar. 

Si algo hay que reconocerle y aplaudirle al presidente Iván Duque fue el haber clausurado de una vez y para siempre la nefasta mermelada, practica corrupta instaurada por Juan Manuel Santos, en virtud de la cual, a través de la repartija indiscriminada y vulgar del presupuesto público, el Ejecutivo compraba la voluntad y la conciencia de los congresistas. 

Ahora, el gobierno defiende sus proyectos, los argumenta y busca, a través de la dialéctica, granjearse el apoyo del mayor número posible de parlamentarios. Así funciona la democracia en todos los países del mundo y era urgente suspender las prácticas transaccionales que tanto daño le hicieron al ejercicio de la política. 

Duque y su canciller Carlos Holmes Trujillo le pusieron fin al maridaje cómplice que existía con la satrapía venezolana, desde el mismo instante en que Santos, abusivamente declaró a Hugo Chávez como su “nuevo mejor amigo”. 

Una de las primeras medidas en materia internacional fue la de anunciar el retiro inmediato de Colombia de UNASUR, organismo creado para complacer y coadyuvar los abusos del nefando socialismo del siglo XXI. 

Igualmente, el ministro Trujillo logró que la ONU designara a un enviado especial para atender la crisis generada por la desbordada migración de ciudadanos venezolanos que huyen del régimen del despiadado dictador, Nicolás Maduro. 

Iván Duque y sus ministros, todos de las más altas calidades humanas y profesionales, llegaron a poner orden en la casa. No les ha tocado fácil, pues la situación era insoportable. Santos y su cuadrilla saquearon al país, arrasaron con todo, motivo por el que la misión era aún más compleja. 

Pero Duque no es un hombre que se amilane ante los grandes desafíos. Consciente de que las medidas adoptadas iban a generarle dificultades y le causarían un costo en materia de popularidad, prefirió emprenderlas porque él y su equipo saben qué es lo que requiere el país. Y más temprano que tarde, la sociedad verá los resultados y muchos de los que hoy critican al gobierno, mañana tendrán que aplaudirlo y respaldarlo. 

Culmina un año en el que Colombia salió del fango y tomó el rumbo hacia el progreso y el desarrollo, todo en el marco de la legalidad y la equidad. 

@IrreverentesCol

Publicado: diciembre 21 de 2018