Ha pasado un año desde aquél domingo 2 de octubre de 2016, fecha histórica en la que el pueblo soberano de Colombia votó NO de manera mayoritaria en el plebiscito que cuestionaba por la aprobación o el rechazo del acuerdo de La Habana, firmado entre Juan Manuel Santos y las Farc.

Ante el segundo plebiscito que se desarrollaba en el país, las cosas parecían estar definidas de antemano, las encuestas aseguraban que el Sí triplicaría los votos del NO y que la opción de que algo diferente sucediera era una quimera de algunos pocos insensatos.

Pero no fue así, contrario a todo pronóstico ganó la oposición y quedó demostrado que la opinión pública no es lo mismo que la opinión publicada; el pueblo se volcó ante las urnas para rechazar el acuerdo pactado entre la elite corrupta -representada en Santos- y la elite criminal -representada por las Farc-.

Durante las elecciones de 2014 Juan Manuel Santos en su afán de hacerse reelegir, prometió que lo que se acordara con las Farc sería aprobado únicamente por medio de la refrendación que los colombianos hicieran con el voto popular.

Una vez el gobierno evaluó los posibles instrumentos jurídicos para lo que llamaron el “blindaje del acuerdo”, descartaron de plano un referendo, siendo esta la vía más pertinente para el caso en cuestión. El referendo constitucional permite formular distintas preguntas para darle la posibilidad al elector de manifestarse, favorable o desfavorablemente, ante el interrogante que le sea planteado, pero el gobierno consiente del poco apoyo popular con el que ha contado, decidió no arriesgarse.

Fue por esto que optaron por un plebiscito, creyendo que con esta figura jurídica en la que el elector debe responder Sí o No ante un cuestionamiento, acorralarían a los colombianos poniéndolos contra la espada y la pared, ante la pregunta de si querían o no la paz. Nadie podrá olvidar las amenazas de Juan Manuel Santos y Humberto De la Calle afirmando que si no ganaba el Sí volveríamos a la guerra.

No contentos con rechazar el mecanismo jurídico natural para esta ocasión, decidieron bajar el umbral del 50 al 13%, temían no llegar al número mínimo de votos exigidos por la ley; pero no les bastó con eso, contrario a lo fijado de manera legal, la pregunta realizada en el plebiscito inducía al elector por una de las dos opciones, notoriamente era por la del Sí, y ante los cuestionamientos que por esta materia se le hicieron al presidente, él respondió que “hacia lo que se le daba la gana” y en efecto eso fue lo que hizo.

Además el Sí contaba con la participación del presidente de la República, todos sus ministros, las superintendencias, los departamentos administrativos, y como si fuera poco, sobre los gobernadores y los alcaldes del país se ejerció una fuerte presión para que en cada lugar del territorio nacional se hiciera campaña a favor del Sí.

El magistrado Bustos, quien presidía la Corte Suprema de Justicia más señalada de la historia en Colombia, al tiempo que le regalaba la estatua de una paloma blanca a Santos, afirmó que el derecho no era un obstáculo para la paz, ¡háganme el favor! Es decir que la Constitución puede irse a la basura con tal de darle gusto a los angelitos de las Farc.

En el Congreso de la República corrieron ríos de mermelada con la que se compraba, como si fuese un mercado, la conciencia de los senadores y representantes a la cámara, para que ajustaran sus maquinarias regionales en favor del Sí.

Los medios de comunicación almibarados por la mermelada que les habían untado en los micrófonos, las páginas editoriales y las cámaras de televisión, hacían coro para alabar cada acto del gobierno y sus paniaguados.

Pero aun con todo esto no les alcanzó, a los del Sí se les olvidaron las palabras del poeta en las que dijo que Colombia es una tierra de leones, y eso fue lo que se vivió durante la jornada más memorable de la democracia en Colombia donde ganó el NO.

¡NO es NO! ¿Entendido?

 

@MiguelCetinaC

Publicado: octubre 4 de 2017