Los anillos adquiridos que protegen  al individuo de cometer actos corruptos son tres: la famila, el entorno y los participantes de la peregrinación educativa durante su periodo de formación (escuela, colegio, universidad). Son la barrera que filtran y protegen la corteza pre frontal donde está registrada la capacidad de decisión y el juicio crítico ante los hechos.

Los imagino como la guardia pretoriana del cerebro ético. La más importante: la esposa. Esa mujer que el individuo eligió como compañera para su vida, madre de sus hijos y coequipera en los proyectos por donde caminara la carrera nupcial. Es solidaria de los éxitos y logros; por otra parte, comparte la responsabilidad en los actos de corrupción que el individuo o el funcionario  comete.

Sin ser psicóloga, conoce detalladamente a su pareja y detecta con facilidad los cambios en su personalidad, aunque estos sean los más sutiles. Oscilaciones en el comportamiento y alteraciones en el sueño: el inicio. Sigue luego la irritabilidad en las respuestas y las manifestaciones psicosomáticas. Intuye el ilícito.

No necesita ser contadora para detectar los incrementos injustificados en el patrimonio. Además, la perdida del respeto por el dinero: “plata llovía”, la cual no duele. Los lujos recientes y especialmente esa obsesión frontal del corrupto: las ganas incontrolables de mostrar, una conducta pueril de exhibicionismo.

El respaldo emocional de la decisiones lo podemos evaluar y es interesante el método que aplicamos. Piense en la capacidad de que tiene la piel para conducir la electricidad (conductancia). Ahora bien, esto depende de la humedad y esta de las glándulas sudoríparas. Cuanta más actividad genere el sistema simpático, mas sudor, y así se moviliza más rápido la corriente eléctrica. El estrés que genera el ilícito y la angustia ante la posibilidad de ser descubierto, hacen que por las pruebas de conductancia en piel los diagnostiquemos fácilmente, la epidermis es más conductiva (Frontier in Neurosciencie Behavior).

No requiere la esposa del corrupto este estudio sofisticado para diagnosticarlo pues ella hace parte del despojo de los recursos públicos. Viene entonces el dilema de conciencia: por un lado, la pasajera satisfacción de los recursos temporales obtenidos y en el fondo el vigía moral susurrándole todas las noches: no hay derecho.

Este guardián la va ahuecando día a día, le modifica sus emociones y la forma de expresarlas. Hay lo que llamamos un estado apálico emocional (mantiene la vigilia, pero sin conciencia) que en otros términos significa, perdida de los escrúpulos. Esto la lleva al peor castigo que tiene el corrupto: el congelamiento afectivo en las relaciones de pareja y la frustración que implica la pérdida de la pureza de su cónyuge. Es el velo de la codicia el que se asoma.

La soledad y la búsqueda del calor del afecto la llevan a explorar caminos sinuosos. Llega un momento en que cae en cuenta que los bienes materiales adquiridos son temporales y lo más importante para un ser humano, el respeto y la dignidad, lo ha perdido. Los lujos, las excentricidades y sus carteras con joyas  son livianos.

Una señal de madurez en las democracias  es la forma en que las mujeres participan en los altos puestos públicos y exigen respeto por los derechos humanos. Cuando esto ocurre, los índices de corrupción disminuyen. Nuestras mujeres manejan mayores niveles éticos y conciben –género y formación- una forma distinta en la finalidad los recursos públicos. El rol de la mujer en el devenir de una sociedad justa e incluyente es insustituible. 

Hay que en fomentar en nuestras niñas altos estándares de formación pero sobretodo insobornable piso moral. Pero deben saber también que no se necesita estar en los cargos  públicos para asumir estas responsabilidades con la sociedad. Su rol de compañera transparente contribuye en devolverle  dignidad y  decencia  a los cargos.

Así, sin equívocos: la esposa del corrupto no puede pretender de  víctima. Es su cómplice.

@Rembertoburgose

Publicado: diciembre 14 de 2018