El acuerdo de La Habana acaba el enfrentamiento con Farc, al que se le atribuye el 2% de la violencia.

El acuerdo de La Habana no es la paz del país; está muy lejos de llegar a serlo. Es inconcebible cambiar toda una política de Estado para complacer a un pequeño ejército paramilitar de tan solo 7.000 armas, las que jamás podrían enfrentarse a las 450.000 de las Fuerzas Armadas de Colombia.

Es una ironía que se cambie todo un establecimiento para complacer con toda clase de prebendas a un ejército tan pequeño. En este acuerdo perdió Colombia. Mientras tanto se desmantela equivocadamente el ejército nacional, cuando un estamento militar fuerte es la salvaguarda de la democracia y sus instituciones (lo demuestra por ejemplo el simple hecho que Maduro no ha caído por contar con el respaldo de su ejército. Apenas pierda ese apoyo, cae).

El acuerdo de La Habana sólo acaba el enfrentamiento con las Farc, al que sólo se le atribuye el 2% de la violencia. Lo cual está muy lejos de ser la paz de Colombia, porque todavía existen el ELN, las Bacrim, los paramilitares, ya no como “auxiliares” del Estado, sino por su propio fuero, el cual está todavía “vivo y coleando”, el EPL que renace, la delincuencia organizada, las disidencias de la Farc, y la delincuencia común no organizada (no hay nada que una más que las cosas entorno al delito). Todas estas sustentadas por el narcotráfico, que es el combustible de la violencia, y que está muy lejos de desaparecer porque los cultivos de coca aumentan, ya que la erradicación es voluntaria y mano y presenta la desproporcionalidad de arrancar una mata y sembrar veinte de ellas (la posibilidad de erradicar cien mil hectáreas en un año no es realista. En 8 años se logró disminuir de 160.000 a 50.000 hectáreas a pesar que existía el Plan Colombia y la aspersión aérea).

Las mencionadas bandas delincuencias, diferentes a la Farc, son las causantes de los más de 5.000.000 de víctimas. Así que el acuerdo de La Habana solo podrá conseguir disminuir la violencia en un 2%.

Entre tanto no podrá haber paz en Colombia si no existe una efectiva administración de justicia, si no hay inversión social, si continúa la corrupción y el enriquecimiento ilícito, si persiste la exclusión y el centralismo, si no hay industrialización, si no hay instituciones fuertes que den garantías de una real democracia; como un buen congreso, unos eficientes órganos de control, unas excelentes Cortes. Sin embargo nada de esto, que es tal vez lo más importante, lo contempla o lo corrige el acuerdo de La Habana. El mal todavía sigue en las sábanas.

Entonces la inseguridad física seguirá persistiendo, a pesar del acuerdo, unida esta vez a la inseguridad jurídica, dadas las estrategias del acuerdo y sobre todo a las políticas tributarias de los últimos seis años, ya que las nuevas reglas de juego traen mayores cargas impositivas y se convierte en una mayor amenaza, tal vez mas peligrosa que la inseguridad física.

@rodrigueztorice

Publicado: junio 22 de 2017