Un año convulso este 2019 que termina. Mejor, mucho mejor que lo que venía con Santos en materia económica, pero políticamente difícil y con incertidumbres. 

En efecto, el país terminará con un crecimiento del 3.2 o 3.3%, casi el doble del 1.7% con que cerró el 2017. No es para echar voladores (deberíamos tener de meta crecer al 6 o al 8%, como China o la India. Sin embargo, para eso necesitamos superar unos cuellos de botella estructurales y estamos lejos de poder hacerlo), pero es ocho veces más alto que el promedio regional. La inversión extranjera entre enero y junio de 2019 creció 24,4%, para llegar a US$7.273 millones, la más alta desde 2016 y, muy importante, con diversificación más allá de minas y petróleo. El déficit fiscal será del 2.4%, el nivel previo a la flexibilización de la regla fiscal, y con eso se terminará el año con un superávit primario del 0.6% del PIB, el mejor resultado en 8 años. En fin, en general todas las cifras macroeconómicas son positivas, con excepción del desempleo que viene aumentando paulatina y sistemáticamente desde 2015. Ya sabíamos que si no crecemos como mínimo al 4% no logramos crear empleos netos. Lo nuevo es el proceso de tecnificación, que hace que se necesite menos mano de obra para mantener la productividad, y la presión sobre el mercado laboral del casi millón y medio de venezolanos que hoy viven en nuestro país.  

Sí, el Gobierno lo ha hecho mucho mejor que lo que los medios y la oposición santista y de izquierda le reconocen. Tomo la decisión más importante en  décadas en la lucha contra la corrupción política al suprimir la mermelada, por cierto con un costo altísimo en materia de gobernabilidad, consiguió eliminar el beneficio de la casa por cárcel para los corruptos, y avanza en la instauración de pliegos tipo, fundamentales en el empeño de extirpar el cáncer de las licitaciones de sastrería, a la medida de los contratistas y los funcionarios venales. De la mano de Carlos Enrique Moreno, ha dado un paso enorme en el catastro multipropósito, pieza vertebral de la modernización del campo. Con el acuerdo de punto final pone las bases para sanear, por fin, las deudas del Estado con los prestadores y le inyecta al sistema de salud pública los recursos que necesita. Aprobó el presupuesto más alto de la historia en educación, 44.1 billones, aunque yo hubiera querido que semejante esfuerzo viniera ligado a compromisos del sector con un aumento sustantivo de la calidad que, no dejaré de insistir, es un verdadero desastre. Consiguió el cierre financiero de 17 proyectos 4G en infraestructura, el 58% del total, que estaban muy enredados. Reactivó la exploración petrolera y la ANH firmó 31 contratos, con compromisos de inversión por US$2.714 millones, después de cinco años en que no se firmaba ninguno. Y está renovando las fuentes energéticas: recibió ofertas por 2.250 megavatios de energías renovables, el 10% del sistema. !No teníamos sino apenas 60!

Y puedo seguir. El Gobierno hace y hace mucho. Pero el ambiente político está muy enrarecido y la polvareda que genera no permite ver ni valorar adecuadamente la gestión gubernamental. El problema, en parte, viene del afán de la oposición, en particular de la izquierda, de negarle todo mérito y entorpecer tanto como le sea posible al Gobierno. Esa es su estrategia y así la anunciaron el mismo 7 de agosto del 2018. Además, las protestas no ayudan. Y los medios, menos aún. Pero otra parte viene, hay que reconocerlo, de las falencias del mismo gobierno. Por un lado, de la ausencia de gobernabilidad. Se bien que soy reiterativo, pero es indispensable serlo: la gobernabilidad no es una alternativa, es un deber para hacer un buen gobierno. Confiemos en que en enero se produzca la recomposición del gabinete que permita el apoyo de los partidos que acompañaron a Duque en la segunda vuelta. Por el otro, hay que definir una narrativa del país que se quiere construir. Es en ese relato donde los ciudadanos ven el norte del gobierno y donde se conectan intelectual y emocionalmente. Finalmente, es indispensable dejar de lado los prejuicios y decidirse a hacer política en el sentido más noble y puro de la palabra, Sin ella no es posible trabajar en la búsqueda del bien común. Y después, solo después, hay que comunicar todo de manera asertiva y eficaz.

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!Feliz Navidad para todos mis lectores y mi agradecimiento de corazón por acompañarme este año en la tarea de reflexionar y opinar sin tapujos!

@RafaNietoLoiaza

Publicado: diciembre 23 de 2019