Que gran ejemplo de cultura política ha dado el Presidente Iván Duque Márquez al no intervenir en política ni usar la posición dominante de ser partido de gobierno y presidente, para incidir en las elecciones regionales del 27 de octubre pasado. Duque Márquez gobierna como si estuviéramos en Dinamarca y olvidándose que estamos en Cundinamarca.

Gran ejemplo y demostración de civilidad y decencia política, cosa que aplaudo y celebro, y que el gobierno pasado de Santos dejó de hacer, antes por el contrario uso con asco en la consecución de sus nefastos propósitos. ¿A quién no compró Santos con el presupuesto nacional? ¿en quién no incidió para obtener sus propósitos? Hasta se robó unas elecciones. Que noches tan oscuras para la nación fueron esos borrascosos años de ese gobierno de cuyo pasado no quiero acordarme.

Hoy Duque da gran ejemplo de cómo se gobierna una nación, que quiere entrar en las grandes ligas de la civilización política y la depuración de su democracia.

Todos pensaron que la posición dominante del Centro Democrático, partido de gobierno, arrasaría con casi todos los puestos de elección popular en la pasada contienda del 27 de octubre, porque la cultura política y ciudadana espera que se use el presupuesto nacional para esos propósitos. No, con el presidente Duque jamás, así vaya en detrimento personal y de su partido, pero que en cambio es de gran ganancia para la consolidación y perfeccionamiento de la democracia colombiana.

El presidente se abstuvo de incidir un ápice en favorecer a los candidatos de su partido y además nadie se lo pidió porque así debe ser y mucho menos como todos pensaban que el expresidente Uribe lo ha debido solicitar. ¡Jamás el expresidente Uribe haría algo así!

Las democracias para consolidarse y fortalecerlas se debe permitir el libre juego y la elección de los postulantes a las diferentes corporaciones sin presión alguna. Entonces se dice que el Centro Democrático perdió. No, uno no pierde lo que nunca ha sido de uno. Bogotá no ha sido uribista, sin embargo nos llena de regocijo que el alcalde Peñalosa deja una ciudad en marcha, casi recuperada de los 12 nefastos años que la precedieron. Medellín tampoco lo era y si lo es  connaturalmente, el alcalde saliente, Federico, tenía grandes afinidades con el partido. Allí lo que si sucedió para felicidad de la democracia  fue la consolidación de su concejo municipal, convirtiendo al Centro Democrático en el gran coadministrador de las decisiones que debe tener su alcalde entrante, Daniel Quintero. En cambio el partido creció en la provincia donde realmente debe crecer para convertirse en un partido con fuerte arraigo popular en las regiones. El Centro Democrático rural ha crecido.

@rodrigueztorice

Publicado: noviembre 7 de 2019