Los regímenes tiránicos caen de un momento a otro, como consecuencia de un largo y muchas veces imperceptible proceso de maduración. Insensato es creer que las dictaduras colapsan sin que previamente se hayan generado las condiciones necesarias. 

El tirano rumano Nicolás Ceaušescu que martirizó a su país durante 24 años, fue depuesto y luego fusilado -junto a su esposa Elena- luego de una lenta pero contundente etapa de gestación liderada por sectores democráticos que ambientaron el retorno de la libertad a Rumania. 

Expertos muy calificados comparan la situación venezolana con la caída del muro de Berlín en 1989. En occidente, muy pocos creían que fuera posible acabar con esa barricada que dividió no solo a Alemania sino al mundo entero durante más de 29 años. 

El derrumbe del muro fue la consecuencia de un proceso evolutivo que se observó tanto en oriente como en occidente. Cuando un pueblo resuelve ser libre, no hay poder humano que sea capaz de detenerlo. En Alemania oriental, el dictador Erich Honecker, a pesar del poder que ejercía la policía política a su servicio -la temible Stasi– no pudo contener los vientos de libertad del pueblo que de un momento a otro se volcó al muro y en cuestión de minutos aquel fue derrumbado. 

Los acontecimientos del pasado 29 de abril en Venezuela, cuando miles de ciudadanos respondieron al llamado del presidente Guaidó y del dirigente Leopoldo López son una demostración de que la determinación del pueblo por recuperar la libertad democrática poniéndole fin a la usurpación, ha entrado, al decir de la hípica, en tierra derecha. 

El proceso venezolano es irreversible. El tirano Nicolás Maduro ha quedado perfectamente notificado de que las fuerzas militares de su país empiezan a ubicarse paulatinamente en el lugar en el que se encuentran los demócratas, los respetuosos de la ley y de la institucionalidad. 

El cerco diplomático ha sido eficaz. El acompañamiento permanente, leal, decidido y sincero de las democracias de la región, ha servido para acelerar el marchitamiento del régimen criminal que ostenta ilegítimamente el poder político venezolano. 

Y, hay que decirlo, el presidente Iván Duque y su exitoso ministro de Relaciones Exteriores, Carlos Holmes Trujillo fueron los diseñadores de la estrategia que hoy tiene a Maduro al borde del abismo. Que nadie se llame a engaños: el sujeto que ha tiranizado a Venezuela tiene el tiempo contado. Su destino inmediato es el destierro que luego será reemplazado por la cárcel, lugar en el que purgará la pena que la justicia internacional habrá de imponerle como castigo por los brutales crímenes que ha cometido en contra de su propio pueblo. Y cuando ello ocurra, el mundo libre tendrá que hacer un especial reconocimiento a la gestión de Duque y de su canciller. 

En rueda de prensa convocada mientras se desarrollaba la primera fase de la denominada “Operación Libertad”, el ministro Carlos Holmes Trujillo aseveró que “tenemos toda la disposición para actuar frente a organismos internacionales en caso de violaciones de la vida e integridad de Juan Guaidó y su familia, de Leopoldo López y su familia, de los otros líderes democráticos y sus familias, de los miembros de la asamblea nacional y sus familias y, por supuesto, de todos los venezolanos que están luchando con el arma de su esperanza para conseguir, otra vez, democracia y libertad en Venezuela”.

La unidad que hasta ahora se había observado al interior de las Fuerzas Militares venezolanas alrededor de la dictadura, empezó a resquebrajarse. Los sectores que marcan evidente  distancia de la tiranía son cada vez mayores. Más temprano que tarde, las mayorías al interior de las filas terminarán por reconocer la legitimidad del presidente Juan Guaidó quien, de acuerdo con la constitución de Venezuela -por demás, hecha por el chavismo a comienzos de siglo- es el presidente, habida cuenta del vacío de poder que hay en ese país como consecuencia de la ilegitimidad de las “elecciones” con que Maduro intentó perpetuarse en el poder. 

Si algo hay que aplaudirle al presidente Duque y a su canciller es la velocidad con que lograron poner en jaque a la dictadura entronizada en el Palacio de Miraflores. En tan solo 5 meses, lograron lo que nadie había podido en estos años de “Socialismo de Siglo XXI”, corriente maligna que destrozó a Venezuela y otros países de la región.

@IrreverentesCol

Publicado: mayo 1 de 2019