La audiencia pública de seguimiento a la sentencia T-236 de 2017 realizada en la Corte Constitucional permitió ratificar la existencia de dos modelos de Estado representados en dos visiones políticas diametralmente opuestas.

La primera, encarnada en la figura del presidente de la República, Iván Duque, quien concibe los temas de Estado dentro del respeto y acatamiento del concepto de ser un “Estado Social de Derecho” donde prima fundamentalmente la Constituciòn Política y la legalidad.

La segunda, representada por el expresidente Juan Manuel Santos, quien concibe el Estado como un escenario ideal para la implementación del “statu quo” (el estado de cosas de un determinado momento) lo que le permitió la implementación de normas, leyes, modificaciones constitucionales a través de procedimientos no convencionales para construir un estado de complacencia con la ilegalidad.

El glifosato no es la causa del debate, es la consecuencia.

La prohibición del glifosato como herramienta legal para combatir los cultivos ilícitos de coca, marihuana y amapola, es un componente más dentro del ajedrez de la geopolítico mundial, dividida entre quienes exigen la legalización de los cultivos ilícitos y su consumo, y entre quienes se oponen radicalmente a este camino destructor del tejido de la sociedad.

Juan Manuel Santos es pieza del ajedrez mundial de la legalización. Como Jefe de Estado y Premio Nóbel de Paz ha expresado su deseo para que la comunidad internacional avance en el debate de la legalización de las drogas. Su acuerdo de impunidad de La Habana se centro en las drogas, tanto, que una de las imposiciones del acuerdo fue la prohibición del uso del glifosato alegando razones ambientales, pero, sobre todo, razones médicas y científicas por los daños colaterales, supuestamente ocasionados en el ser humano expuesto en zonas de aspersión con glifosato.  

Que las drogas colapsen la humanidad, la economía, la seguridad de los estados, la sociedad, que colapse al ser humano, al consumidor y su entorno, será suficiente y poderoso argumento para animar la legalización de las drogas. Al final sería un poderoso negocio para las multinacionales que hoy financian a varios voceros de la legalización.

Lo importante del debate es la presencia política como Jefe de Estado del presidente Iván Duque en todo este asunto.

Duque tiene claridad y entiende que el incremento de los cultivos ilícitos es una bomba de tiempo incontrolable conta la seguridad del Estado, por eso acudió respetuosamente, pero contundentemente a la Corte Constitucional a solicitar la modulación de la sentencia como instrumento para la preservación y fortalecimiento del orden público, la defensa de los derechos fundamentales y especialmente la preservación del Medio Ambiente.

El debate científico entorno al uso del glifosato es contradictorio, se tienen estudios parciales y diferenciales de diferentes agencias, expertos y científicos sobre las consecuencias del uso del glifosato, que por si es utilizado como herbicida en diferentes productos agrícolas de la canasta familiar sin que a la fecha se pueda sentenciar la verdad absoluta sobres sus efectos.

Lo que sí está sentenciado contrario a los deseos del exministro Alejandro Gaviria es que cultivar coca, marihuana y amapola es un delito tipificado en el ordenamiento jurídico, sin avanzar en el debate ético que él ahora quiere darle al crimen internacional del narcotráfico.

@LaureanoTirado

Publicado: marzo 12 de 2018