En Colombia tenemos pésimas costumbres, adoptamos y exportamos costumbrismos de otras latitudes, no la pasamos comparándonos y añorando ser otro país. Holanda, Suecia, Finlandia, Corea del Sur, Alemania, Australia, son algunos de esos países con los cuales nos viven comparando, pretenden a toda costa hacernos sentir menos, inferiores, porque ellos si son capaces, nosotros no.

Ahora, para cada dificultad o problema que se nos presenta o que no hemos podido solucionar en este siglo ni en el anterior, aparece el académico, el político, el científico, el líder espiritual, y ahora, el periodista, que en medio de su arrogancia intelectual, sentencia que eso nos pasa por no ser como ese otro país, por no comportarnos como aquella sociedad, porque en esos países porque si hacen esto o aquello; y sumado a toda esa perorata aparece también los videos, esos que invaden la memoria de nuestros teléfonos móviles que llegan como solución para meternos en la cabeza, en la memoria colectiva de la sociedad, que nosotros somos una sociedad fallida, incapaz, inviable por no ser como ellos, por no ser Dinamarca en Cundinamarca.    

Algo parecido esta pasando con el Gobierno de Iván Duque. Por un Lado, están los uribistas más recalcitrantes, fanáticos, esos que pretenden ser tribunal ideológico de este gobierno. Esos quienes, desde los primeros nombramientos realizados por Iván Duque, vetaron con rigurosidad la designación de ministros o ratificación de funcionarios que por su desempeño o conocimiento fueron bendecidos con el voto de confianza del presidente. Pero eso no es lo más grave, varios sectores del Centro Democrático y del uribismo pretenden evaluar el inicio del gobierno comparando lo que hizo Uribe en su mandato, exigiendo que el Presidente Duque se parezca al expresidente Uribe. Ellos y el país deben saber que Duque es Duque y Uribe es Uribe.  

Lo mismo hacen los petristas y el mismo Petro. Todos los días en redes sociales y en cualquier tribuna, la izquierda radical y anarquista tienen solución inmediata a los problemas del Estado, y como si fuera una secta religiosa, desde su líder espiritual Gustavo Petro, hasta sus discípulos, acuden a la frase lapidaria, “En el Gobierno de la Colombia Humana no estuviera pasando esto o aquello…”. Olvida la izquierda que, desde las elecciones del plebiscito, pasando por la elección congresional y la elección presidencial, el país decidido que fuera el Centro Democrático y no la izquierda la que debía gobernar.    

Y desde el silencio de su derrota, a través de su bancada parlamentaria, y últimamente a través de sus columnas dominicales, también Germán Vargas Lleras, dicta doctrina de cómo se debe gobernar, tiene solución para todos los problemas del Estado. Para demostrarlo, cada ocho días alguno de sus congresistas aparece junto a sus demás compañeros radicando un nuevo proyecto de ley para demostrarle al país y al gobierno que Vargas Lleras era el destinado para solucionar esta crisis, heredada del gobierno donde Germán Vargas fue mucho más que ministro y vicepresidente.    

Fernán Martínez, trino sabiamente “No se pueden evaluar los primeros 100 días sin evaluar los últimos 100 meses”.  Esa rigurosidad con la que pretenden evaluar los 100 primeros días de gobierno de Iván Duque, dista del silencio contemplativo y cómplice en el que vivieron los últimos 100 meses del gobierno de Santos. Hipócritas. 

Es una cabronada, porque hay que decirlo por su nombre, que no se le reconozca a Iván Duque, su decisión autónoma, discrecional de conformar por primera vez en la historia de la vida republicana un gabinete técnico, independiente, autónomo, desligado de los directorios políticos, de las componendas. Es una injusticia política que no se le reconozca que por primera vez en la historia un presidente de la República no haga guiños, imponga a dedo o compre los votos necesarios para imponer Contralor General de la Nación.  

Es injusto, en medio de los terremotos por corrupción en la que no la pasamos, que nadie aplauda de pie, que Iván Duque, hubiera acabado con los cupos indicativos (contratos), esa relación toxica y corrupta impuesta por gobernantes y congresistas para que sin dificultad se aprobaran leyes, actos legislativos, procesos de paz vía Fast Track, reformas tributarias.

Aquí lo que se pretende hacer con el Gobierno de Iván Duque, es mantenerlo en estado de crisis, para lograrlo se debe acudir a la calle, a la protesta, a la violencia, instrumentalizar al estudiante, docente, trabajador, al campesino. Para no dejar gobernar a Duque se debe enjuiciar a Uribe, cascarle al Fiscal, lanzar el país al abismo, incendiar las calles… 

Ojalá quienes votaron por Iván Duque no sigan haciéndole el juego a los enemigos de la democracia. Seguimos en riesgo…

@LaureanoTirado

Publicado: noviembre 26 de 2018