Hay abundante evidencia sobre el hecho de que vivimos en medio de dos mundos, el natural y el sobrenatural. El primero lo percibimos a partir de la experiencia ordinaria. Tenemos acceso a él a través de los sentidos. Por eso se lo denomina mundo sensible. El segundo es, en cambio, suprasensible y lo captamos por medios paranormales.

Las ciencias experimentales han logrado admirables avances en la exploración y la explicación del mundo sensible, lo cual conlleva la posibilidad de controlarlo por medio de la técnica, a fin de ponerlo al servicio de nuestras necesidades y nuestros intereses. Pero hay que observar que una enorme porción de ese mundo escapa todavía a nuestro conocimiento. Lo que sabemos de los órdenes físico, químico, biológico, psicológico y social es todavía bastante fragmentario. 

Como lo señala Regis Nicoll en “Why there is a God and what it matters”, la investigación en la microfísica cada vez nos apartan más de lo sensible y nos conecta con lo suprasensible. Y lo mismo sucede en la investigación biológica, según lo detallan los estudios de Rupert Sheldrake (v.gr. http://www.sabiduriarcana.org/ciencia-y-espiritualidad.pdf). La presencia de lo psíquico en lo físico-químico y lo biológico es, por otra parte, tema de obras como The Conscious Universe, de Dean Radin Ph. D. (https://www.researchgate.net/publication/243772480_The_conscious_universe_The_scientific_truth_of_psychic_phenomena/download) o La Gnosis de Princeton, de Raymond Ruyer (https://www.amazon.com/s?k=9788485269433&i=stripbooks&linkCode=qs).

Flammarion trae a cuento una cita de Virgilio que resume la cuestión: “Todo lo que existe en el universo está penetrado del mismo principio, el alma, que anima la materia, que se mezcla con este gran cuerpo” (Flammarion, “La Muerte y su Misterio”, Aguilar, México, 1947, T. I, p. 75).
Pero la investigación del mundo suprasensible es refractaria a los métodos de la ciencia experimental. Lo que sabemos de él es bastante más fragmentario y huidizo. De ahí que lo que en síntesis podríamos denominar las Ciencias Ocultas sufran enorme descrédito por su falta de rigor metodológico y lo aventurado de sus conclusiones, que a menudo son fantasiosas y se revisten de charlatanería.

No obstante ello, cabe admitir que hay múltiples interacciones entre el mundo natural y el sobrenatural. Este se pone de manifiesto en fenómenos como los milagros o las apariciones, así como en el interior de las mentes humanas (sueños, inspiraciones, etc.). Por su parte, la acción humana incide en lo sobrenatural para obtener resultados positivos (oración, sanación) o negativos (magia, brujería). Sobre esto último, es importante traer a colación las impresionantes experiencias que relata el padre Juan Carlos Callejas en su libro “Contra la brujería” (Vid. https://www.youtube.com/watch?v=HdcK14-ZBqo).
El gran tema de la distinción entre lo natural y lo sobrenatural es la supervivencia del alma a la muerte del cuerpo, vale decir, su tránsito de esta vida mortal a la eterna, al más allá o lo que denomina Jean Prieur como el “País del Después”. 

¿Cómo sucede ese tránsito? ¿Qué se lleva en él? ¿Qué encuentra en ese después? ¿Cómo transcurre ahí su nueva existencia?
Sobre esto hay abundantísima bibliografía. Citaré, por lo pronto, una obra de referencia: “L’après-mort”, de Georges Barbarin. 

Jesús Vallejo Mejía

Publicado: febrero 21 de 2019