¿Son “magisterio de la iglesia” las peroratas -que no predicaciones- del señor arzobispo de Cali? 

¿Son “magisterio de la iglesia” sus prédicas contra la institucionalidad e himnos a los terroristas? 

Hace bien el Nuncio en disciplinar al jerarca de Cali. Si él quiere dirigir la oposición a Duque, el camino es expedito: renuncia a los hábitos y sale a la plaza pública como lo hizo en su tiempo Camilo Torres. Mientras siga siendo el arzobispo…, ¡a la oración y a la caridad!, que buena falta hacen en medio de tantas calamidades.

Nuestro prospecto de caudillo montonero pronunció una frase inaudita: “el Gobierno Nacional tiene una “venganza genocida” con los procesos de Paz que adelantó el anterior Gobierno”.

¿Por qué esas ansias de monseñor por acomodar su predicación al punto de vista de las FARC y del ELN? Es una postración ante el mal que humilla a los fieles católicos. 

¿Convicción u oportunismo? No sé. También pudiera ser miedo… Las FARC asesinaron a uno de sus antecesores, monseñor Duarte Cancino, poco antes del triunfo de Álvaro Uribe en marzo de 2002. Asesinaron a un santo de la iglesia.

Lo cierto es que la Santa Sede le ha puesto el tatequieto al jerarca demagogo. Nunca es tarde. Monseñor debió haber sido reprendido en 2011 cuando histérico por la baja del jefe de las FARC, Alfonso Cano, protestó: ¿por qué no trajeron vivo? Ese fue su reclamo a la fuerza pública. 

La acción militar que acabó con la carrera criminal del jefe más radical de las FARC, responsable de la política de secuestros y comprometido hasta la médula con los atentados terroristas no fue una acción heróica para monseñor Monsalve sino el  “asesinato de un hombre de más de sesenta años, herido, ciego y sólo”. ¡Qué tal!

Monseñor Monsalve parece un anacronismo de los años sesenta. En “Rebeldes, románticos y profetas”,  un libro reciente de Iván Garzón, se lee el testimonio de un exmiembro del ELN: “no pocos sacerdotes, monjas y obispos empezaron a exaltar las armas como el destino obligado de la juventud católica”. Monseñor como que quisiera que esos tiempos y esas costumbres regresaran.

La antípoda de monseñor es otro católico fervoroso, un hombre creyente y devoto, Álvaro Uribe. En el libro de Garzón, sus rasgos son los descritos en el capítulo  “Profetas: el valor cívico de un No a la violencia”. 

Uribe, estudiante de la Universidad de Antioquia y en ejercicio del liderazgo dentro de una intelectualidad que optó mayoritariamente por la violencia como forma de ejercicio de la política, exaltó casi en solitario nuestra institucionalidad republicana. Pocos líderes de su generación predicaron en la universidad la legitimidad del Estado colombiano. Él es el verdadero héroe de su generación, el Gran Colombiano del siglo XX y de las dos décadas del siglo que corre. 

Uribe “se le tiró” los planes a la izquierda terrorista. Sin su presidencia, Colombia estaría viviendo hoy la suerte de Venezuela. Petro y las FARC pretendían poner en marcha su programa al mismo tiempo que el del régimen de Chávez. Hay fotografía y crónica que lo dicen todo: Petro y Chávez, como embriagados por una fiebre infinita de poder, van al Puente de Boyacá (1994) y ante la estatua de Bolívar, tomados de las manos, juran “continuar la huella del libertador en las cinco naciones”. Traducción de ese juramento: que instaurarían una dictadura marxista en los cinco países. Fue Uribe, así con nombre propio, quien no se los permitió.

Chávez llegó temprano a su meta (1999) y comenzó su cometido confiado en que pronto lo acompañarían los colombianos. Constancias hay de que hizo hasta lo imposible para que sus camaradas ‘neogranadinos’ “asaltaran el poder”. Los archivos de Raúl Reyes informan que Chávez prometió trasladar fondos por cerca de 300 millones dólares a las FARC para financiar la instauración de la dictadura marxista en Bogotá.

Esa es la cuenta de cobro que le tienen a Álvaro Uribe. Desde hace treinta años cada semana ha salido, sale y seguirá saliendo un perro a ladrarle o un gato a maullarle o un burro a rebuznarle o un chacal a chillarle. Y él ahí. Tranquilo, enhiesto, sólido, ejerciendo un verdadero magisterio; ese que ha guiado y salvado a Colombia del largo martirio de veinte años que padecen nuestros hermanos y vecinos.

@JOSEOBDULIO

Publicado: julio 13 de 2020