En seis años he sido víctima de cuatro atracos: dos “cosquilleos” y dos hurtos, uno con puñal y otro efectuado por parrillero y motociclista, dupla de hampones milimétricamente coordinada.

Me robaron, sumando los eventos delincuenciales de los que he sido víctima, dinero en efectivo -cuya cuantía estaba destinada para pagar servicios públicos-, dos celulares de alta gama y tres libros que, según el propio ladrón -a quien se pudo capturar después de veloz carrera-, terminaron en las manos de las mafias que sacuden la ciudad, algunas de las cuales trabajan en connivencia con elementos negativos de la Policía Nacional, quienes participan de estos hechos como cómplices, protegidos por sus propios compañeros.

“Insignes” voces defensoras de los derechos humanos –manoseados a más no poder por varios sectores de la mal llamada izquierda-, no dudan en expresar su rechazo cuando alguien sugiere que, en tanto los responsables de la seguridad ciudadana no cumplen su labor, le corresponde a la inerme ciudadanía implementar estrategias y mecanismos necesarios para garantizar su propia tranquilidad.

En resumen, existen serios cuestionamientos sobre la protección que brinda la Policía a los ciudadanos. Por eso, no es raro que la reacción de muchos de quienes pagan impuestos, apunte a la creación de organizaciones cívicas, que se dediquen a informar a las autoridades sobre situaciones sospechosas o la presencia de personas desconocidas, que merodean los lugares donde posteriormente cometen los crímenes, estudiando las rutinas de sus víctimas.

Otras opciones van más allá, dando paso a la aparición de organizaciones más contundentes, algunos de cuyos integrantes reciben entrenamiento y, en casos muy reducidos, salvoconducto para portar armas de fuego. Por supuesto, que se llega a este tipo de opciones no por capricho, sino por falta de pie de fuerza y, cómo no decirlo, por inoperancia de las autoridades.

La reflexión de esta semana, surge como respuesta a una inquietud personal, dado que el último atraco que tuve que afrontar fue el pasado lunes 9 de julio. Sé que esta reflexión es la misma que se han hecho miles de colombianos, habitantes de diferentes ciudades. Por eso, en los últimos 7 días, además de cotizar equipos y estudiar las diferentes propuestas de planes de los operadores de telecomunicaciones en Colombia, me he dedicado a observar detenidamente la labor de los policías que tienen a cargo el control de lugares como puentes peatonales y estaciones de Transmilenio en la ciudad de Bogotá, que es mi lugar de residencia.

Hecho el ejercicio, podemos decir que, efectivamente, hay horas en las cuales los ladrones no se arriesgan, especialmente, las llamadas horas pico; sin embrago, es triste ver cómo malandros sucios y agresivos, ingresan a las estaciones, poniendo en peligro sus propias vidas, pues se cuelan directamente, por los propios vagones de cada estación. En el caso de la capital colombiana, las rutas de la Avenida Caracas, la Carrera 30, la Avenida Suba y la Avenida de las Américas son especialmente peligrosas, principalmente después de las 5 de la tarde.

Ante esta realidad, surgen interrogantes sobre el papel de la policía. ¿Dónde está la policía? ¿Revisando sus mensajes de WhatsApp, mientras se cuelan en sus narices cientos de delincuentes? ¿Qué pueden hacer los policías bachilleres con un simple bolillo, mientras los hampones están armados con cuchillos, puñales y pistolas? ¿Será exagerado pensar en la necesidad de crear redes de informantes urbanos, para proteger a los ciudadanos con mayor efectividad? ¿Seguiremos viendo cómo la Ley es blanda con la delincuencia y dura con las personas que actúan contra los ladrones?

#ConTodoRespeto: Si la Policía no reacciona a tiempo, ¿a qué estamos enfrentados los ciudadanos? ¿Tendremos que tragarnos el hecho de ver al hampa mandando en las calles, o de asistir a la “fiesta” de organizaciones delictivas, amparadas por malos elementos de la institución policial, incrustados en mafias bien organizadas que trabajan de forma eficiente en detrimento de la seguridad de los colombianos?

“La rebelión es lícita cuando la tiranía es insoportable” (Santo Tomás de Aquino).

#MásPolicíaMenosWhatsApp

@tamayocollins

Publicado: julio 18 de 2018