Tras la buena noticia que entregó a los colombianos el ministro de Hacienda Alberto Carrasquilla, en la que anuncia que no habrá una nueva reforma tributaria, inmediatamente informa, que la consecuencia será la necesidad de apretar el cinturón del gasto público en las ciudades y regiones. Por un lado da alivio que no suban los impuestos, pero por el otro, desanima que el hueco fiscal de la Nación se le traslade a las ciudades. 

Acaban de ser notificados los alcaldes de las ciudades capitales y de primera categoría, que estas entidades territoriales sufrirán un recorte significativo en los recursos del Sistema General de Participaciones equivalente al 10 por ciento de los giros que estaban incorporados en los respectivos presupuestos municipales.  Para el caso del departamento de Santander la decisión del Ministerio de Hacienda y Crédito Público, impacta la inversión en infraestructura, educación, agua potable, deporte, cultura y libre inversión de los municipios de Bucaramanga y Floridablanca. A Floridablanca le recortan para este año la suma de 22 mil millones de pesos que ya estaban incorporados en el presupuesto de la actual vigencia, los cuales debe descontar de su balance puesto que ya no llegarán.

Es un campanazo que nos invita a repensar la forma en que se está ejecutando el gasto público nacional. El Estado colombiano debe reformular las fuentes de financiación del tesoro nacional. En 1991 fuimos a una asamblea constituyente y se estructuró una manera de financiar nuestro modelo económico que no fue tocado en ese órgano. En aquel entonces se miró hacia el rio Magdalena, se creó Cormagdalena y se abrió el espacio a una comisión de nuevo ordenamiento territorial y se dio el enfoque a la modernización de los puertos. Sin embargo y como ejemplo, casi treinta años después, a Cormagdalena que le corresponde recuperar la navegabilidad del rio, le colgaron una función que le corresponde hacer a la sociedad portuaria de Barranquilla dueña del puerto. El canal de acceso en Bocas de Ceniza debe dragarlo de acuerdo a la Ley 01, la primera que se dictó en Colombia en vigencia de la nueva constitución, a la Sociedad Portuaria de Barranquilla. La empresa que maneja el puerto debe sufragar los gastos del mantenimiento del canal con parte de las tarifas, sin embargo desde el escándalo de Dragacol, esa operación la pagamos todos los colombianos.

Colombia como ningún otro país del mundo, es de un modelo centralista extremo. Casi que todas las capitales del mundo se erigieron sobre un puerto. El comercio exterior se fomenta desde los puertos, tenemos dos océanos, pero el centralismo no nos deja avanzar. Creo que el modelo se debe repensar y  valorar para aprovechar las potencialidades. Si bien, integramos una región estratégica para la seguridad del mundo, desde una propuesta de geopolítica unitaria, podríamos intentar una confederación de regiones para salir del retroceso.

Tumaco, Buenaventura, Quibdó, Turbo, Golfo de Morroquillo, Cartagena, Barranquilla, Santa Marta y Riohacha regiones que deben ser reclasificadas para la operación del modo de transporte marítimo. Y todas se pueden integrar multimodalmente con el rio Magdalena, desde Bocas de Ceniza, hasta Honda. Se necesita, es que el centralismo deje pensar a las regiones.

@AlirioMoreno

Publicado: febrero 25 de 2020