La ley de Dios es clara y su mandamiento: “Amar a Dios sobre todas las cosas”, es un punto clave en este escrito. Dejaré de un lado mi activismo político, y me enfocaré en un tema que no muchos son capaces de abarcar por temor a ser señalados o juzgados en un mundo donde hoy el hablar de Dios ante una generacion que ya no le teme ni respeta, es visto como fanatismo o hasta como aberración.

Soy una mujer de derecha, católica, conservadora y creyente en las leyes de Dios – creo en la familia como pilar de la sociedad – y le temo a ese Dios a pesar de la incredulidad que hoy rige en esta tierra. En este escrito que será muy corto quiero mostrar el porqué, el presidente del país más poderoso del mundo, regresó a Dios a el país que solo se habia concentrado en ser el número uno en todo, dejando atrás algo primordial como es el amor y el respeto a Dios. El presidente Pro-Vida que rechaza tanjantemente el asesinato de niños que están en etapa de gestación en un mundo donde hoy abortar es tomado como método anticonceptivo, sin mirar las consecuencias de lo que eso implica. El presidente que ha venido trabajando en la paz mundial con aquellos países que veíamos  sería imposible, pero un logro histórico: Israel, Emiratos Árabes Unidos y Bahréin.

Haré referencia a varios discursos del presidente Donald Trump que por Diosidencia llegan a mí, no sé si  para ser mostrado a todos aquellos que leerán este escrito o para que muchos incrédulos logren entender lo que significa el llevar a Dios en nuestras vidas, pero de lo que sí estoy segura, es que es una misión que debo cumplir así me tachen de ‘fanática’ o me señalen como de costumbre – ya me he amolado a ese modo de vida de ataques, insultos, calumnias e injurias – desde que inicié en este camino del activismo político y de columnas de opinión.

Vamos al punto, estos son los apartes de los discursos que le devolvieron la fe a esta gran nación:

“Sabemos que cuando se trata de resolver problemas y grandes desafíos, la fe es más poderosa que el gobierno y nada es más poderoso que Dios. Desde la firma de la Declaración de Independencia hace 241 años, Estados Unidos siempre afirmó que la libertad proviene de nuestro Creador.

Nuestros derechos nos son dados por Dios. Y ninguna fuerza terrenal puede quitarte esos derechos. Nuestra libertad religiosa está consagrada en la primera enmienda de la Carta de Derechos. Los fundadores estadounidenses invocaron a nuestro Creador cuatro veces en la Declaración de Independencia.

Benjamin Franklin incitó a sus colegas en la Convención Constitucional a comenzar la jornada inclinando sus cabezas en oración. La fe ha forjado la identidad y el destino de esta gran nación que todos amamos. Nuestra nación será renovada con trabajo duro, mucha inteligencia y oración.

No queremos ver a Dios forzado a salir de la plaza pública, ni ser expulsado de nuestras escuelas o de nuestra vida cívica. Queremos que todos los niños tengan la oportunidad de conocer las bendiciones de Dios. La oración cambia los corazones, transfroma las vidas, eleva el alma, inspira la acción y nos une a todos. Damos gracias a Dios por la fe de nuestro pueblo.

Alabamos a Dios por las bendiciones de la libertad, y ya seamos negros, mestizos o blancos, ya me han oído decir esto antes, todos tenemos la misma sangre roja. Todos saludamos la misma gran bandera estadounidense y todos estamos hechos por el mismo Dios todopoderoso”.

Bajo estos apartes hay algo que queda muy claro: el presidente Donald Trump le devolvió a Estados Unidos y al mundo a ese Dios olvidado – nos devolvió la fe ante un mundo donde hoy el anarquismo – pretende tomarse el poder. La plaga del mal llamado socialismo del SXXI, se ha tomado esas escuelas y universidades donde Dios ha sido olvidado, para el adoctrinamiento comunista de nuestros jóvenes donde por ideología política, ese Dios no es permitido porque es el que da esperanza, consuelo en momentos de desolación en pérdida de la fe y nos quita la sed cuando nos sentimos como peregrinos en el desierto.

Bajo el american Dream Plan presentado por el presidente Donald Trump hace cuatro días en Arizona, quedó estipulado el retorno de las clases de religión y lectura de Biblia en nuestras escuelas, para el retorno de los valores conservadores que rigen a esta sociedad para prepararnos para el el regreso de la palabra de Dios que llegará a cada rincón de la tierra.

Mañana 3 de Noviembre del 2020 será el día del triunfo, no solamente de Trump, sino de ese Dios que lo guiará para lograr la paz mundial.

@SofyCasas_

Publicado: noviembre 2 de 2020