Ha partido un coloso hacia la eternidad, hacia el insondable misterio del más allá, hacia su encuentro con Dios. San Pablo decía que la muerte era ganancia porque se marchaba hacia el encuentro con Cristo Jesús.

Distinto a lo que plantea Gabriel García Márquez cuando dice que lo malo de la muerte es que es para siempre, pienso que es inconcebible que este maravilloso y breve instante que es la vida  pueda acabarse con la muerte. Tiene que haber un estadio superior y sublime al que las almas privilegiadas trascienden, al que seguramente ha logrado llegar con solvencia Don Alberto.

Alberto Araujo Merlano, nos deja a todos un legado enorme de moralidad y ética. Desde siempre se constituyó en un icono a seguir e imitar, en un gran referente de la cartageneridad, en uno de los más importantes impulsadores a nivel nacional  de la industria turística en su amada Cartagena. Es y fue el hombre caribe por antonomasia; elegante, culto, alegre, inteligente, amable, generoso, precursor de la excelencia y emprendedor notable. Su labor en el empresariado colombiano nos deja la fabulosa huella de las muchas empresas exitosas que creo. Fue un gran visionario de la zona de expansión turística hacia la Boquilla, creando una nueva frontera inmobiliaria, generadora de mucha riqueza y valores agregados.

Pero Don Alberto había ya trascendido al gran empresario, y como todo ser superior se encamino hacia la filantropía de dejar varias fundaciones de carácter humanitario que pretenden hacer del hombre un mejor ciudadano, o lo que algunos estudiosos llaman el “hombre limpio”, un ser desprendido de toda inmoralidad.

Hace muy poco, me dijo, luego de una conferencia en su fundación “Geniales”, que uno de sus mayores placeres en la vida era ayudar a las personas a liberarse de las sombras que oscurecen sus vidas.

En los años 50, siendo apenas un muchacho, y antes de crear en 1.954 con su amigo del alma Ricardo Segovia Morales la empresa pionera en el sector inmobiliario Araujo y Segovia, había visionado junto con mi pariente Gabriel Rodríguez Franco (qepd), quien era gerente de la Empresas Publicas Municipales, la pujante despensa inmobiliaria que era Bocagrande. El mismo lo relato como una proeza quimérica en uno de sus tantos escritos en este periódico. El mismo posteriormente fue su gerente y junto con Jorge Benedetti González, que también lo fue, emprendieron la pavimentación de las calles del ya pujante villorrio. Eran los tiempos de la honorabilidad y la decencia, y la vida ciudadana no había caído como hoy en las fauces de la corrupción y la inmoralidad, a la que tanto Don Alberto combatió hasta sus últimos días.

Don Alberto se constituyó desde siempre en gran amigo de las políticas del presidente Álvaro Uribe Vélez. El mismo presidente lo nombro en miembro honorario del partido Centro Democrático, y don Alberto se convirtió en notable concejero suyo. El mismo presidente cuándo intentaba hablarle del pasado y de las luchas pertinentes de una democracia, que Don Alberto le decía que era mejor hablar del futuro, del turismo, del desarrollo económico y social. Que paradójico venido de un hombre de 94 años de edad que esta camino hacia el infinito. De sus concejos en el tema turístico el presidente Uribe no hacia otra cosa que escucharlo atentamente. En la última visita del candidato Duque a Cartagena estuvo acompañándolo en el podio junto a su nieto el senador Fernando Nicolás Araujo, digno heredero de su estirpe.

No hago otra cosa que pensar después de su partida, en la alegría inmensa que le prodigaría el ascenso a la presidencia del Iván Duque Márquez.

@rodrigueztorice

Publicado: abril 5 de 2018