Todo el mundo lo sabía: las elecciones del domingo, para la Asamblea Nacional Constituyente, solo eran la confirmación del régimen demencial y dictatorial de Nicolás Maduro. En otras palabras, era un autogolpe, que tuvo como vil excusa un pseudoproceso en las urnas. Y así fue. Venezuela y el resto de países vieron, en vivo y en directo, un fraude descarado, que se maquilló con un discurso barato de “fiesta de la democracia”.

Aunque en realidad esa jornada fue una fiesta de muerte por múltiples razones. Primero, porque ese día perdieron la vida 17 venezolanos, los cuales se suman a los 140 que han fallecido, en los últimos cuatro meses, durante la represión de las protestas por parte del gobierno de Maduro.

También fue una fiesta de muerte porque ese día una parte del pueblo venezolano perdió la esperanza. Es triste, pero es verdad. Muchos lloraban ante la impotencia de ver lo que fue su país y ya no es; y todo porque unos pocos se embriagaron de poder y de demencia, y se lo robaron. No en vano, las fronteras colombianas se llenaron de migrantes, que cogieron sus pocas pertenencias, y sin dinero ni plan fijo, tomaron rumbo para “donde sea”.

Y no fue por cobardía que abandonaron su terruño, no. Fue el más básico instinto de conservación y supervivencia, lo que los movió. Solo les importaba pasar los controles fronterizos, recibir un plato de comida, dormir en cualquier andén, acceder a los servicios de salud, y coger rumbo para otra ciudad de nuestro país o seguir para Perú, Ecuador, Chile o Argentina.

Ese domingo también murió la división de poderes en Venezuela, porque Maduro ya amenazó a los actuales diputados opositores de la Asamblea Nacional, de levantarles su inmunidad. Pero, además, el mandatario dio a conocer abiertamente su interés de controlar la Fiscalía de su país, como ya lo hace con el Tribunal Superior de Justicia y las Fuerzas Armadas.

Aunque eso no es lo peor: esta semana se posesionará la Asamblea Constituyente, que es 100% chavista (hasta con familia del Presidente-Dictador incluida). Dicha Asamblea Constituyente, antidemocrática e ilegítima desde su misma elección, creará las nuevas “reglas” de la política venezolana y  entrará a sustituir a la Asamblea Nacional (que sí fue elegida por el pueblo en el 2015).

Y como si todo esto fuera poco, murió el derecho a la protesta. Desde que comenzó la ola de manifestaciones en las calles, contra la dictadura de Maduro, han sido detenidas 5.051 personas. Sin contar, la excesiva represión a la que se ve sometido el pueblo por la Guardia Nacional y esos “Colectivos Armados”, que más parecen terroristas.

En efecto, como diría Luis Almagro, Secretario General de la Organización de Estados Americanos (OEA), Maduro está masacrando a su pueblo. Y yo le agregaría que, además, está masacrando la democracia, la economía, la riqueza de un país, ¡a toda Venezuela!

Si bien es cierto que ante el oscuro panorama del hermano país, la comunidad internacional se ha pronunciado, esto no es  suficiente. Hasta ahora se están alzando, de verdad, las voces que repudian la represión por parte del Gobierno de Maduro. En efecto, algunos presidentes, cancilleres y congresistas han desconocido los resultados de la Constituyente. E, incluso, ya se habla de sanciones económicas y del aislamiento internacional.

Infortunadamente, Venezuela tiene sus países amigos, que apoyan su dictadura. Hecho, que sin lugar a dudas, pone contra la pared a todo un pueblo.

Es por eso que hoy mi llamado es a todo el pueblo venezolano para que no se dé por vencido. La unión es fundamental en estos momentos tan complejos. Pero para que esto sea posible  deben hablar un mismo discurso, seguir un mismo objetivo. Si bien es cierto que los líderes opositores han realizado un trabajo importante, aún existen muchas voces y muchos caminos que no les permiten consolidar un proyecto. Es hora de sentarse y de mirar para dónde van.

Venezuela debe volver a florecer y debe volver a ser ese gran país. Y aquí no pueden jugar los protagonismos, porque el único ganador de todo esto debe ser el pueblo que clama por una democracia.

@Tatacabello 

Publicado: agosto 4 de 2017