Existe un viejo adagio que reza: “si le das un pedazo de queso a un ratón, volverá a pedirte un vaso de leche” y esta metáfora se convirtió en la filosofía de quienes se acostumbran a recibir y recibir, pero sin aportar.

Así ocurre con las minorías etno-culturales como las del Cauca, donde por años, y amén a la necesidad de sus comunidades, algunos de sus líderes han venido aprovechando cada circunstancia para exacerbar los ánimos, pero no buscando el bien común, sino su propio beneficio.

Manipulan de tal forma el sentir de la gente, que comienzan a recordarle a todos los derechos que tienen, les hablan de unas supuestas “Deudas Ancestrales” pero poco o nada les hablan de sus obligaciones para con este país que, según ellos, tanto les debe; pero sin reconocer todo lo que el Gobierno ha hecho para solucionar sus necesidades, y seguramente nada de lo que se haga será suficiente, porque tal como en el caso del ratón, les venden la idea que tienen derecho al queso y a la leche, aunque no sean ellos quienes lo produzcan.

La palabra “minga” viene del quechua Minka, que quiere decir trabajo comunitario y colectivo encaminado a buscar un bien común, entiéndase un bien para toda la comunidad.

Sin embargo, la minga indígena que llegó esta semana a la capital del país busca todo menos el bien común, entre otras cosas porque para nadie es un secreto que esta movilización fue instigada e infiltrada por organizaciones que controlan el narcotráfico en el suroccidente colombiano.

Los propios líderes de la minga han reconocido que los compromisos hechos entre este Gobierno y el CRIC -Consejo Regional Indígena del Cauca- se han concretado. Solo entre 2019 y 2020 hubo en sus territorios inversiones por más de $344.000 millones, mientras que para el 2021, según el Ministerio del Interior, ya se aseguraron recursos por el orden de los $296.000 millones. En general, se habla de un cumplimiento del 80 por ciento de los compromisos del Ejecutivo tras la movilización del año pasado.

 Aun así, tras el anuncio de la minga, el presidente Iván Duque ordenó una delegación que se desplazó hasta Cali, con plena autonomía para tomar decisiones y buscar llegar a un acuerdo; pero esto no sucedió porque al encuentro con el Alto Comisionado, no asistieron los consejeros del CRIC – Consejo Regional Indígena del Cauca- quienes son los organizadores de la minga, y los indígenas se negaron a dialogar, exigiendo sentarse a la mesa solo con el Presidente.

Parece que lo que se busca es hacer un juicio público-político al primer mandatario, antes que buscar acuerdos en lo fundamental. Blanco es, gallina lo pone, no quieren realmente un beneficio para la comunidad, sino para los líderes de la izquierda, que necesitan mantener la inconformidad social que vienen sembrando desde el día de la posesión del presidente, con una agresiva campaña de desprestigio y deslegitimación, tratando de mil maneras de desestabilizar al Gobierno, dados sus intereses de cara a las elecciones del 2022.

Las preguntas que surgen ante esta coyuntura de la minga son muchas, pero enumeremos solo algunas: ¿Qué hace diferente a las comunidades indígenas del resto de colombianos que trabajamos, pagamos impuestos, y además estamos sujetos al control cuando de los recursos públicos se trata? ¿Qué tantos beneficios han recibido los indígenas de Cauca por parte del Gobierno, y qué tanto aportan estas comunidades al desarrollo del país?

En Colombia hay 114 millones de hectáreas rurales, de las cuales, las comunidades indígenas y negras tienen títulos especiales comunitarios que representan 32% de ese total, aunque estas comunidades solo representen el 14% de la población. En este sentido hay que decir que el grueso de la tierra que se asignó a los indígenas es tierra improductiva. Miles y miles de hectáreas que no pagan impuesto, y muchas de las cuales hoy están inundadas de coca y marihuana, alimentando el negocio del narcotráfico, sin que el Estado pueda hacer absolutamente nada para impedirlo, toda vez que, estos territorios por ley no se pueden intervenir. ¿Esto es realmente equidad, frente al grueso de campesinos en Colombia, que están a la deriva, y por no pertenecer a ninguna etnia, sufren el desarraigo aun cuando trabajen en la producción agrícola que garantiza abastecimiento a cada hogar en los municipios y capitales del país?

No resulta para nada alentador que los habitantes de Nariño, Putumayo y el Mismo Cauca se vean afectados cada vez que a los líderes indígenas se les da por ordenar a sus comunidades que se tomen la vía Panamericana, causando bloqueos que paralizan por completo la economía de regiones donde los campesinos sí producen, y todo para exigir presencia del Estado, justo hoy cuando el Gobierno les está cumpliendo lo pactado.

Ah, pero eso sí, los líderes de la minga son intocables, sin Dios ni Ley. Exigen presencia del Estado, pero al mismo tiempo expulsan a las autoridades de sus territorios. Se han convertido en una especie de mafia que todo lo controla, han establecido la ley del más fuerte.

Las denuncias de indígenas como Antonio Vitonas Yatacué, dan cuenta de la forma en que algunos líderes canalizan mediante cooperativas y asociaciones los millonarios recursos que reciben del Estado, no se les puede hacer control ni a la manera en que invierten ni cómo los distribuyen.

Mientras tanto los verdaderos indígenas necesitados, los que merecen y requieren de esos recursos, están cada vez más pobres. El dinero se queda en manos de unos pocos que se han hecho tan poderosos, que de la noche a la mañana pasaron de no tener un peso, a pasear en camionetas blindadas, y a convertirse en los grandes terratenientes.

El Gobierno nacional ha cumplido los compromisos adquiridos, es hora que los líderes del CRIC comiencen a mostrar resultados, y a entender que como colombianos que son los miembros de sus comunidades, también tienen deberes para con el país.

¿Cuáles deudas ancestrales? Colombia no puede ceder al chantaje de unos cuantos sujetos sin escrúpulos que, escudados en su condición étnica, se están enriqueciendo a costilla de sus comunidades, y seguramente lo seguirán haciendo, porque para ratones insaciables como ellos, ni la leche, ni el queso, ni nada les será suficiente; ellos siempre volverán por más.

@JenniferAriasF

Publicado: octubre 23 de 2020