Debatir sobre la condición de la Deuda en un escenario de angustiosa necesidad por contrarrestar los efectos provenientes de la caída de la economía, es sin duda, uno de los temas mas delicados por cuanto genera diferentes posiciones entre la academia, el Estado y los ciudadanos.  

Lo cierto es, que a pesar de la fricción que puede generar esta materia, debe proceder a través de la figura de política fiscal contra cíclica a fin de liberar en el corto plazo, la mayor cantidad de gasto que permita mantener a flote la economía. Y es que, el agregado económico implica las variables de consumo, inversión y gasto público a través de las cuales se mueve todo el sistema de decisiones a favor del bienestar general. Sin duda, tenemos que hablar de Deuda.

Estamos en un escenario donde no hay regla fiscal, el déficit se calcula en 8.2% del PIB y el déficit del gobierno general en 9.2% del PIB, el déficit en cuenta corriente se acerca al 4.9% del PIB y la inversión extranjera directa experimenta un retroceso de -38.5%. En la misma dirección, se calcula el crecimiento de la deuda al 68.2% del producto interno bruto, es decir un equivalente a 816 billones, para una economía cuyo PIB vale cerca de 1.200 billones año.

En las circunstancias anteriores, muchos han hablado sobre la importancia de expandir el gasto público colocándolo en los sectores clave para la economía, no obstante, el tiempo se convierte en una variable restrictiva, porque la reactivación no viene inmediatamente con las medidas reglamentadas, por cuanto se hace afecta la velocidad de reacción de la economía a los factores negativos que la han afectado. Otros también han propendido por una redistribución del gasto hacia el giro de transferencias para evitar un mayor colapso en los ingresos de los colombianos, lo cual es una medida también necesaria pero que debe ir focalizada.  Sin embargo, la fuerza de la política fiscal para reducir el impacto de la crisis actual radica en la velocidad con que se ejecuten los recursos y se hagan los giros correspondientes de acuerdo con los planes. Es decir, hay que acelerar el flujo de recursos a la economía.

No obstante, de lo anterior, la deuda, si implica un mecanismo de doble filo, a pesar de que hay que abrir la llave, también hay que saberlo hacer, no proceda en un futuro una condición en que las expectativas de recuperación no se ajusten a los cálculos fiscales que se tenían y en consecuencia las rivalidades sean incluso mayores. Por ejemplo, el nivel al cual el crecimiento económico se estabiliza de forma potencial y retorna a la normalidad puede llegar hasta el 2029, es decir que en adelante tenemos una década de constantes ajustes, no solo en Colombia, sino en todo el mundo.

La reactivación de la economía implica dos momentos; el primero, los ajustes fiscales necesarios para que movilicen la producción, el segundo, los cambios alternos tan pronto como la economía empiece a mejorar, pero sobre todo, hay una implacable huella que dejan las crisis, que consiste en la perdida de capacidad de generación de ingresos de la población, por cuanto, los ingreso dependen de la capacidad para contrarrestar la pérdida de empleos y diversificar el portafolio productivo, si no afectamos directamente los sectores económicos que atraen trabajo, difícilmente podemos hablar de recuperación. Tenemos al sector agrícola, el industrial, infraestructura, transporte y logística, como los primeros en el radar, pero repito, el efecto de una política fiscal contra cíclica a corto plazo es benéfico en la medida que la irrigación del gasto se haga con mayor rapidez, el tiempo es un factor que por lo general juega en contra cuando la crisis está haciendo estragos.

Finalmente, se vienen a debate, el Presupuesto General de la Nación y el presupuesto bienal de regalías, dos leyes que traen consigo, las principales modificaciones para la reactivación económica.

@CIROARAMIREZ

Publicado: julio 30 de 2020