Detrito o detritus (del latín detritus, “desgastado”) es el resultado de la descomposición de una masa sólida que ha llegado a su máximo grado de  degradación.

Con Juan Manuel Santos (JMS) se cierra un ciclo del deterioro de la política colombiana, que empieza en el Frente Nacional (que nunca ha debido durar tanto, porque acabo con los partidos políticos y concentro el poder), y acaba exactamente con este personaje nefasto para la vida nacional. De aquí en adelante nada peor se puede esperar en la dinámica de la política nacional, porque ha llegado a su más alto grado de degradación.

Cuando una democracia pierde la independería de los poderes políticos que la rigen, cuando un presidente hace lo que le da la gana, cuando exige públicamente votos a cambio de obras públicas y ha perdido todo temor a ser sancionado, estamos entrando en terrenos de una preocupante dictadura. Los colombianos estamos dejando pasar este engendro del mal, esperando poder cambiarlo en las elecciones de 2018, cuando tal vez ya sea tarde.

JMS es el súmmum de la putrefacción de la manera de hacer la política en nuestro país. De hecho viene en estado de descomposición desde que se empezó a educar para ser presidente. Ocupando en los últimos 30 años de gobernanza, cargos en el Estado de muchísima importancia. Tiempo este suficiente para que alguien que no tiene los niveles mínimos de moral y ética, se pudra en la materia orgánica de la política nacional. Lapso donde se fue gestando casi sin que el mismo se diera cuenta, una especie de monstruo o engendro que no tiene contemplación ni recato alguno para violar las normas constitucionales que rigen una nación que tiene cierto nivel de democracia. Porque que esto suceda en otro país tercermundista, es muy posible (de hecho lo vemos a diario en el vecindario), pero no en el nuestro que ha sido la Atenas suramericana y la cuna de la una de las democracia más antiguas del continente.

Pero todo está sujeto a descomposición, todo organismo vivo puede morir. Y el Estado lo es de alguna manera, y de la única forma para que no se degrade y se pudra es manteniendo limpia la sangre de la democracia, con el sano y justo equilibrio entre sus poderes políticos, con un preciso control a la actividades de su clase política y un aparato judicial eficiente.

Así como la flor, es el esplendor de la planta, cuyo propósito natural es la reproducción, JMS es la flor de la descomposición nacional, y hay que evitar a futuro que se reproduzcan fenómenos como este, haciendo a tiempo, en democracia, las correcciones necesarias. Hay que acabar con el hedor putrefacto de la manera de hacer el ejerció de la política barata, que ha llegado a su epitome con este personaje infausto, que le pone precio a la democracia y derrumba la soberanía de los poderes. Tan dañina ha sido esta acumulación del deterioro, que ya se ha consumado, cuyo mal ejemplo ya hace parte del inconsciente colectivo, deteriorando a los hogares y a la familia colombiana. Y que ha hecho metástasis, reproduciéndose con abundancia, por eso lo vemos a diario en personajes de la vida política nacional, tan funestos como Ernesto Samper, Roy Barreras, Eduardo Montealegre, Armando Benedetti.

@rodrigueztorice

Publicado: octubre 5 de 2017