El presidente Juan Manuel Santos y el ministro de Hacienda Mauricio Cárdenas desplumaron el anhelo de paz que aun tenía buena parte de la población más optimista de Colombia. Recientemente se envió al Congreso de la República un proyecto de presupuesto para el 2018 que terminó siendo más de lo mismo, sin ningún cambio estructural que genere una ruptura positiva en nuestro desarrollo.

Mientras tanto, Humberto De La Calle y Sergio Jaramillo renuncian a sus cargos como principales promotores de la “paz”. El primero para ser candidato presidencial por el partido Liberal y el segundo para ser el nuevo embajador del país en Bruselas. Decisiones cuestionables porque en su búsqueda de nuevos triunfos personales, dejaron al país enredado y polarizado en espurios debates sobre el avance del socialismo en Colombia, sobre los privilegios y el poder entregado a las FARC y la impunidad que recibirán los jefes guerrilleros por sus delitos de lesa humanidad.

Todavía recuerdo cuando los promotores del SI en el plebiscito vociferaban y juraban que con la paz disminuiría el presupuesto “para la guerra” y que podríamos hacer grandes inversiones en educación, salud y el campo colombiano. Sin embargo, esa paloma de la paz que nos vendieron quedó desplumada, raquítica y moribunda sí se estudian las cifras del presupuesto de 2018.

Por ejemplo, el rubro de defensa y seguridad aumentó de $ 19.255 a $ 20.439 billones de pesos. Parece que al final tuvimos la razón los sectores que pregonamos que el “postconflicto” sería más costoso que la guerra, por la necesidad de aumentar la presencia militar en zonas rurales y por la implementación de nuevas estrategias para que la fuerza pública enfrente la violencia urbana.

Pese a los acuerdos de La Habana, hoy continúan los secuestros, las extorsiones, los desplazamientos y el asesinato de líderes comunitarios en zonas rurales mientras en las grandes ciudades vivimos azotados por los continuos robos a ciudadanos indefensos y los asesinatos orquestados desde la multiplicidad de bandas criminales que han venido apareciendo.

A su vez, el presupuesto de inversión en salud, educación y otros temas sociales como el acceso al agua NO cambió significativamente. Pasó de la irrisoria suma de $36.547 a $36.748 billones de pesos. En otras palabras, pese a “la paz” el gobierno no cumplió, esfumándose la posibilidad de lograr cambios profundos en el funcionamiento de nuestro Estado aprovechando la “desmovilización” de las FARC, que supuestamente permitiría dar un giro hacia instancias superiores de prosperidad.

Como ex-director de planeación del Departamento de Valle del Cauca, considero que tenemos la gran oportunidad de llegar a crecimientos mayores al 8% en nuestro PIB nacional, superando el triste 2,3% proyectado por el Ministerio de Hacienda, pero esto sólo se logrará sí explotamos el potencial de algunos sectores productivos y se toman decisiones de fondo.

Un caso podría ser la exportación de fruta fresca y productos procesados sí nos volcamos hacia el campo colombiano y la agroindustria. No obstante, para lograr lo anterior se requiere una billonaria inversión en vías secundarias y terciarias; profundizar en ciencia, tecnología e innovación; construir sistemas de abastecimiento de agua, respaldar ampliamente al campesino y al empresario; además de inversión en cadenas de frío y comercialización, entre otros. Frente a lo que pregunto ¿dónde están los recursos? porque en el presupuesto del año entrante no se ven si son las promesas para “la paz estable y duradera”. Igualmente muchos colombianos quisiéramos saber ¿cuánto es el respaldo internacional, en dinero, que el Nobel recibirá? Pareciera que ante la expectativa generada, la cifra no tiene relevancia. Estamos en las mismas, con los mismos, pero ahora con los narcoterroristas cogobernando el país.

Es necesario detener la avanzada de la izquierda radical que nos enfrascó en el debate de la falsa paz y vencer al gobierno farsante que espera ganar de nuevo en las elecciones de 2018. Debemos unirnos los colombianos, los del Sí y los del NO, en pro de un cambio profundo en el Estado para aprovechar las riquezas en las que hoy estamos sentados.

@Chrigarces

Publicado: agosto 4 de 2017