Mientras el ajetreado panorama nacional nos pone ante un reto democrático enorme, donde tendremos que elegir entre la Libertad y el narcotráfico marxista, pido excusas a mis lectores para hacer una pausa esta semana. En este espacio, quiero despedir a uno de mis grandes Maestros de toda la vida: el doctor Ramón Bulla Quintana.

Transparente, sabio, de una cultura universal, producto de largas horas de estudio y riguroso análisis. Lector apasionado de todos los temas, jamás llevó un solo apunte a clase. El vasto conocimiento que tenía de la Filosofía y las Humanidades, emergía luminoso de su prodigiosa memoria.

Docente claro en sus conceptos, conquistaba al auditorio en cada clase apoyado en sus claras dotes pedagógicas. Orador magnífico, toda la vida fue muy cercano a sus estudiantes, como mentor y guía en el camino de la formación académica. Caballero a carta cabal, hombre prístino, elegante, coherente y fiel a los principios que sustentan la cultura occidental.

Siempre inquieto por el conocimiento, hizo de sus 90 años de existencia un himno a la excelencia. En su dilatada labor académica, siempre permitió que brillara su indiscutible calidad humana, donde espiritualidad e intelecto compartían el sitial de honor, sin menoscabo del cuidado de la salud: testimonio perfecto de su amor por la vida.

Bulla Quintana fue profesor durante 70 años, y 12 universidades colombianas recibieron en sus salones las enseñanzas de este hombre sin tacha, abierto al debate con argumentos, disciplinado cultor de las ideas. Más de 3 millones de colombianos, según sus cuentas, hicieron parte de su periplo como profesor. De hecho, sabía el nombre de miles de sus discípulos.

Tuve el honor de conocerlo como Decano Fundador de la Escuela de Filosofía y Humanidades de la Universidad Sergio. En esa institución, impartió clases por más de 30 años, siendo recordado por su carisma, erudición, sencillez y agradabilísimo trato con la gente.

Poseía la rara virtud de tener siempre en los labios la palabra precisa. Doctor en Filosofía, era políglota consumado, siendo el latín y el griego, además del inglés, el italiano y el francés, lenguas que dominaba con solvencia.

Asistir a una de sus clases era una experiencia inolvidable. Saludaba a los estudiantes, dándole gracias a la Divina Providencia por su presencia en el salón, y luego les recordaba, con insistencia, su responsabilidad histórica, al disfrutar del privilegio de educarse.

El doctor Bulla era exigente, pues su profesionalismo como expositor no permitía errores o dudas a la hora de rendir exámenes. Distinguido seguidor de la mnemotecnia, clásica técnica griega de memorización, empleada desde hace más de 2500 años, podía recitar amplios fragmentos de “La Iliada” y “La Odisea”, así como libros enteros de la Biblia, y miles de textos sobre las más variadas disciplinas humanísticas.

Saboreaba el conocimiento desde sus más puras esencias, y compartía con generosidad su sabiduría con las personas que lo rodeaban. Un gigante del conocimiento, en todo el sentido de la palabra.

Sentía en el alma lo que le estaba sucediendo a Colombia. Le dolía nuestro país. Por eso,  luchó hasta el final de sus días por esas Humanidades que tanto amó, como camino de formación idóneo de la juventud colombiana.

Para salvar las futuras generaciones es preciso enseñarles a amar sobre todo la verdad, a pensar de manera correcta, a expresarse castizamente, a transitar por los senderos de la honestidad y del bien, a ser conscientes, en fin, de que si algo hay en la vida por lo que valga la pena luchar, es ir en pos de ideales de virtud y de grandeza.

El medio que conduce al logro de estos propósitos es el cultivo de las humanidades: la lógica, la gramática, la latinidad, la estética, la historia. De idéntica manera, la filosofía nos lleva al conocimiento de Dios, de la espiritualidad del alma y la trascendencia de su destino, y mediante los estudios de la ética o moral llegamos al ordenamiento debido de nuestra vida, por lo cual se destaca esta ciencia como la clave en la formación de la persona.” (Ramón Bulla Quintana, 2009).

Con todo respeto: Inclino mi cabeza en Acción de Gracias por la vida de quien siempre será mi Maestro. Paz en su tumba. 

@tamayocollins

Publicado: agosto 30 de 2017