Ernesto “Che” Guevara de la Serna (Argentina 1928-Bolivia 1967), el día y el mes en que nació es incierto, ya que su madre para esconder su embarazo mintió en la fecha de su nacimiento. Celia de la Serna, mujer de la clase alta bonaerense, quien fuera una líder feminista, de avanzada para su época, dicen, descendiente del último virrey en Lima, José de la Serna, se había embarazado antes del matrimonio, con el aristócrata y millonario argentino Ernesto Guevara Lynch, nieto de Patricio Lynch Roo, tal vez el hombre más rico de Suramérica en su momento. 

Ernestito como le llamaban sus familiares, pintó desde niño lo que sería en el trasegar de su vida: pendenciero, rebelde, bravucón, buscador de camorra, de mal carácter e intolerante, además de mal vestido y que no le gustaba asearse. En la adultez se hizo adepto al peronismo, cosa que su familia detestaba. Cuando lo invitaban a las marchas se negaba hacerlo sino iba armado con un revolver. Se convirtió en médico dado su padecimiento de asma, enfermedad que sufrió durante toda su vida. Inicio su vida sexual a muy temprana edad con las mucamas de su casa. A pesar de nacer en un hogar muy pudiente, lo fue muy inestable por la vida disipada de su padre Ernesto, quien terminó separándose de su madre después de tener otros hijos, mal gastar su fortuna y de cambiar de domicilio más de 15 veces.

Lo llevaron a vivir a Córdoba dado el clima ideal para mitigar su enfermedad. Siendo estudiante rechaza entrar al partido comunista y se declara enemigo del imperialismo Yanqui. Médico de la Universidad de Buenos Aires donde conoce a Tita Infante, su amiga, militante del partido comunista. Viaja a Guatemala para apoyar el gobierno de Jacobo Arbenz y allí no solo conoce a su esposa Hilda Gadea, miembro del partido comunista peruano, sino a Ñico López, quien le puso el apodo del “Che”, y lo pone en contacto con los cubanos que participaron en el frustrado ataque al Cuartel de Moncada, de allí va a México donde se une a las filas de Fidel Castro, para luego entrar a Cuba y combatir el régimen de Batista, escenario donde desarrolla lo que más le gustaba hacer: matar, cuando se auto elige para asesinar con pasmosa frialdad a un guerrillero cubano que descubren es un espía. Fidel le ve sus dotes de asesino y lo nombra director de la Cabaña, lugar donde acribilla sin recato a más de 500 personas que consideraba obstáculos de la revolución, en su búsqueda del “hombre nuevo socialista”, donde por su puesto no cabían los LGBT, en el proyecto que llamó Comisión Depuradora, una especie de JEP, para aniquilar a sus enemigos y en el caso de Colombia creada para perseguir al presidente Uribe.

Famoso su discurso en la ONU: “fusilamientos si, hemos fusilado, fusilamos y seguiremos fusilando mientras sea necesario. El paredón es la forma en que se pretende definir la revolución cubana”.

@GabrielTorices

Publicado: enero 14 de 2022