Me tomé una pausa en mis columnas por dos semanas, así como entrar muy de vez en cuando a revisar notificaciones de correo, Twitter y demás, excepto Facebook que no lo abro en lo absoluto porque arroja mucha información basura.
A veces toca hacer un alto, a veces el ejercicio de investigar, redactar y publicar, desgasta cuando no se ven resultados de ningún ente de control, que deberían actuar e iniciar sus investigaciones de oficio.
A veces el país contamina, sus noticias son aterradoras y para rematar, a la gente que decide ser recta y decente, la excluyen porque los consideran “un problema” y mientras eso pasa, uno ve cómo desfilan por los círculos del poder, personas mediocres, avivatos de dos pesos, lagartos de oficio y estafadores consagrados cuya profesión  es usufructuarse de lo público… y eso es sencillamente lamentable para cualquiera en mis zapatos.
Mientras la pita me alcance y no se rompa, espero seguir haciendo denuncias sobre lo que encuentre mal, pero la pregunta que surge es: ¿qué realmente es malo en un país que ocupa el puesto número 96 de los países con menos corrupción?
El sistema está diseñado para que el “malo” se abra campo y la gente como uno, que nos creemos en el lado de los “buenos” sea apartada o destinada a fracasar.  Por esa razón, salí de Colombia y me refugié en la casa de mi mejor amiga, que es mi hermana. Aquí ando y desde aquí, les escribo estas líneas que no son más que una reflexión que sale del corazón.  En Colombia no es bueno demostrar vulnerabilidades porque todas serán, en algún punto, usadas en nuestra contra, pero aquí estoy. Ojalá me gustara la vida en USA o en Canadá, tengo la posibilidad de vivir en ambos lugares, pero no me ubico en medio de tanta perfección y no porque no encaje sino porque siento que Colombia merece tener más de lo que ahí sobra.
En Colombia en cambio nos sobran, pícaros que se apropian de los recursos de la alimentación para los niños menos favorecidos (PAE), contratistas que endulzan y aceitan al aparato estatal para recibir cuantiosos contratos que en muchas oportunidades son dejados a medio terminar o se convierten en elefantes blancos, y ni que hablar del sector salud desangrado por décadas por las EPS y a nivel de las IPS públicas por administraciones perversas ávidas de enriquecimiento con los recursos de la salud.
Por cierto, entre las columnas que he publicado sobre los manejos pocos cristianos del Hospital Universitario de Santander ya el señor Procurador ha dado traslado a la respectiva instancia para que inicien las investigaciones.  Próximamente presentaré informe sobre otras irregularidades del mismo hospital que asumo serán tenidas en cuenta por los entes de control, como las hasta ahora informadas.
Muchas personas me dicen que si yo no fuera tan “problema” (decir las verdades sin tapujos) quizás también estaría en esos círculos de poder pero que yo con tanta denunciadera, asusto a cualquiera.  En otras palabras, hágase la boba con la corrupción y le dan participación.
No me interesa volverme millonaria, toda mi vida, he vivido bien, con lo necesario, me he dado lujos, pero no soy una mujer rica y no provengo de una familia rica. Somos ricos en valores, soy millonaria en el amor que los animales me dan, y puedo dormir en paz todas las noches, no le debo ni le quito un peso a nadie. ¿Cuántas personas pueden dormir tranquilas en Colombia… cuántas personas en esos círculos de poder, duermen tranquilas? Hay riquezas que el dinero jamás puede comprar, y ese tipo de riqueza a mí me sobra, se llama consciencia y tranquilidad.
Gracias querido director de este portal, Ernesto Yamhure por darme el espacio que necesitaba. Gracias Olguita por la paciencia de siempre. Un abrazo enorme a los dos y a todos mis lectores y por supuesto a mis detractores.
P.D. Animo Presidente Uribe!
Gracias por todo lo que hace por mi.
Publicado: octubre 11 de 2018