Estas expresiones y algunas combinaciones de ellas (Centro Derecha, Centro Izquierda) son cómodas para designar las diferentes tendencias políticas, pero al mismo tiempo resultan imprecisas y engañosas. En realidad, las tendencias políticas son muy variadas y exhiben diversos matices. Lo que interesa es definir sus contenidos, los cuales dependen no sólo de orientaciones doctrinarias, sino también de las circunstancias concretas de cada coyuntura histórica.

Como es bien sabido, de Izquierda, Centro y Derecha comenzó a hablarse a propósito de la ubicación de los distintos partidos en el recinto de la Asamblea Nacional en la Revolución Francesa, los cuales se identificaban en relación con sus puntos de vista acerca de la Monarquía. Más tarde, cuando se hizo  nítida la diferenciación entre conservadores y liberales, se calificaba a los primeros como derechistas y a los segundos como izquierdistas. Pero el espectro político se fue diversificando y matizando, de suerte que en un momento dado esos calificativos fueron haciéndose cada vez más brumosos.

Ya en la década del 30 del siglo pasado, Alfonso López Pumarejo llegó sostener que las fronteras ideológicas entre nuestros dos partidos tradicionales se estaban borrando. De hecho, eso fue lo que después hizo posible la creación del Frente Nacional. 

En la actualidad, las orientaciones políticas son muy variadas y pueden dar lugar a diferentes combinaciones según los valores que se consideren más significativos.

Por ejemplo, como lo ha señalado muchas veces el expresidente Uribe, la seguridad es indispensable para el goce más elemental de los derechos y no puede vérsela entonces como patrimonio de las tendencias conservadoras, ya que liberales, socialistas, comunistas, etc. aspiran a que se los proteja efectivamente. Puede haber, sin embargo, diferencias en cuanto a los derechos que más se pretende defender y los modos de protegerlos. 

Gaitán decía que el hambre no es liberal ni conservadora. En eso tenía toda la razón, pero hay variadas maneras de encarar el problema que dan lugar a su vez a diferentes tendencia políticas.

En su querella contra los socialistas franceses, el entonces candidato Giscard contraatacó eficazmente diciéndoles que ellos no tenían el monopolio de la justicia social. Sus opiniones sobre el mejoramiento de la calidad de vida de la población eran sencillamente diferentes.

Es claro que el cristal a través del cual se miran las circunstancias depende de si se está en el gobierno o en la oposición. Hay en ello un relativismo casi imposible de superar. El gobernante aspira a conservar el orden, porque ejercer su acción en medio de conflictos callejeros dificulta ostensiblemente el logro de sus propósitos. Pero el que está en la oposición cree que está legitimado para estorbarles a aquéllos. Así se ha visto en el comportamiento de Petro, que como alcalde  no escatimaba el recurso al Esmad, pero como líder de la oposición no cesa de satanizarlo.

Los comunistas y sus compañeros de ruta son adalides de la causa de los derechos humanos cuando están en su empeño de debilitar a los gobernantes que no sean de su cuerda. Pero al llegar al poder, reprimen con severidad muchas veces brutal a sus contradictores.

En los tiempos que corren han aparecido temas de confrontación que otrora parecían secundarios o de menor importancia. Por ejemplo, el debate entre globalistas, nacionalistas y regionalistas o localistas, que versa en muy buena medida sobre los proyectos del Nuevo Orden Mundial. Como dentro de dichos proyectos median iniciativas sobre una iglesia que sustituya a las existentes, una economía dirigida desde centros internacionales y unos proyectos agresivos de control de la población que incluyen la masificación del aborto y de la eutanasia, es obvio que de ahí resulten nuevos factores de confrontación e incluso de radicalización de las comunidades.

De ahí se sigue la posibilidad de distintas combinaciones. Así, por ejemplo, se puede ser partidario de un ejercicio débil de la autoridad frente a las protestas populares, pero al mismo tiempo de uno riguroso en materia de control de las actividades económicas. Cabe ser muy afirmativo en la acción social del Estado y defender al mismo tiempo la causa Pro-Vida, como lo fue el finado presidente Tabaré Vázquez en Uruguay.

Hay quienes se autocalifican como progresistas y demeritan como retardatarios o inmovilistas a sus contradictores. Pero uno puede preguntarse si ciertas causas, como la destrucción del orden familiar, entrañan verdadero progreso en lo que concierne a la civilización, o más bien constituyen francos retrocesos.

Hoy se piensa con toda razón en la defensa del medio ambiente. Pero hay distintos modos de protegerlo y de conciliar esa apremiante necesidad con otras exigencias colectivas. Una solución radical es la del crecimiento cero, mas hay otras posibles menos procelosas. Los panegiristas del régimen cubano elogian su abnegación para mantener la población en condiciones de pobreza que algunos llaman evangélica. Pero otros consideran que la gente tiene derecho al confort que en las circunstancias actuales sólo es posible en las sociedades industriales que no son del todo amigables con la ecología.

Recuerdo que Raymond Aron alguna vez se refirió a la Fatídica Trinidad que pesa sobre las sociedades modernas, que no logran obtener a la vez tasas de crecimiento, niveles de precios e índices de empleo satisfactorios para todos. Los partidarios de conservar precios asequibles y salarios ventajosos tienen que habérselas con el desmedro de la producción que en últimas acarrea inflación y desempleo. Pero los desarrollistas a ultranza arriesgan a su vez el paro laboral.

Charlando con el embajador de Vietnam en Chile me decía que los gobernantes de su país cambiaron radicalmente la política económica de un día para otro. A los responsables locales les preguntaron qué estaban haciendo para mejorar el país. Respondieron que se ceñían estrictamente a los planes establecidos que estipulaban rígidos controles para la vida comunitaria. Los regañaron manifestándoles que no estaban cumpliendo con el deber de fomentar el desarrollo y que de ahí en adelante debían favorecer la iniciativa privada, la creación de empresas y el libre mercado. ¿Era esto un progreso o un retroceso? ¿Viven en mejores condiciones los vietnamitas hoy bajo un modelo que alienta su espíritu emprendedor o el que los sometía a rígidos controles?

Acá estigmatizamos al Centro Democrático porque propone tres líneas de acción obvias a la luz de las realidades presentes: seguridad democrática, confianza inversionista y cohesión social. Digan petristas, fajardistas, gaviristas y todos los demás, qué les choca de cada una de ellas. ¿Les parece bien la violencia narcotraficante enseñoreada en campos y ciudades? ¿Les gusta que los inversionistas se vayan para otros lares y cierren empresas o frenen su crecimiento? ¿No encuentran de recibo fórmulas viables para fortalecer la integración de las comunidades y mejorar sus condiciones de vida? ¿Qué es lo de Derecha, Centro o Izquierda respecto de estos tópicos?

Fernando Londoño Hoyos, por cuya salud formulo los más fervientes votos, suele recordar una consigna de don José Ortega y Gasset que compartía con es gran pensador que fue Edmond Husserl: “A las cosas mismas”. La política debe partir de la consideración atenta de las realidades y obrar sobre  ellas pensando siempre en lo posible. Las etiquetas no nos ofrecen soluciones. Éstas fluyen de la consideración atenta de las circunstancias, tal como ellas se manifiestan con sus potencialidades y sus dificultades. El mejor candidato para las elecciones venideras será el que así lo entienda, moteje como le parezca la orientación de sus programas.

Jesús Vallejo Mejía

Publicado: septiembre 7 de 2021