Que “el voto es secreto y las autoridades deben garantizar el derecho que tiene cada ciudadano de votar libremente sin revelar sus preferencias.” Reza el Decreto 2241 de 1986 o Código Electoral, en el que se consigna el principio del secreto del voto y de la publicidad del escrutinio.  Pero en Colombia, violar ese principio se puso de moda en las elecciones de domingo anterior.

Como es que nos convocan a unas elecciones, en las que conjuntamente incluyen dos eventos electorales de consultas interpartidistas en las cuales de entrada, se vulnera la institución del voto como primer y principal mecanismo de participación de un sistema democrático al obligar al ciudadano a ser él, quien manifieste su deseo de votar, no bastando su presencia en las urnas, y una vez lo hace, le interrogan a cual consulta desea participar, si la de la izquierda o la de la derecha, violándole la intimidad y la solemnidad del voto.

El domingo fuimos a un acto electoral inconstitucional e ilegal. Y claro que peligroso, en este ambiente de polarización en el que nos involucraron a todos los ciudadanos colombianos y especialmente a quienes ejercemos el derecho al voto. Los jurados dejaron clara contabilidad y especifica constancia, del ejercicio de la ciudadanía política de los ciudadanos que decidimos pedir uno u otro tarjetón de la consulta. Dejó de ser secreto el voto y en primera instancia, pasó a ser de conocimiento y dominio del jurado y posteriormente de la Organización Electoral Colombiana, que tiene el registro y censo de los ciudadanos que votamos cada una de las consultas.

Como en las mejores épocas de la plenitud del Frente Nacional, el domingo anterior pasará a la historia, como el día en que se legitimó un nuevo escenario de participación política, en el que muy parecido a lo sucedido en el plebiscito por la paz, el pueblo mostró lo emocional de la política cuando se acude a colocar en el debate no la discusión de las ideas, sino sentimientos que se confunden entre el odio y el miedo. Por ejemplo: Gustavo Petro logró transpolar durante la jornada, la crisis de Venezuela, y juzgó que fue por eso, que cuando se agotaron los tarjetones de la consulta, el pánico colectivo se apodero de los votantes de la derecha que aún no habían sufragado.  ¿Cómo es que no hicieron un sólo tarjetón para las dos consultas? Ahí está la respuesta: necesitaban elaborar el censo y registro de los ciudadanos, y para eso acudieron a la violación del voto como medio.

Seguiré insistiendo, que no hay que demorar más los cambios y transformaciones que Colombia necesita. ¿Para qué esperar más, la adopción de unas medidas que resultan necesarias y han sido recomendadas por la comunidad internacional? Álvaro Gómez Hurtado murió recomendando y casi suplicando, un cambio de régimen. El excesivo presidencialismo nos tiene a unos secos, por culpa de otros que agotaron el tesoro nacional pagando mermelada y hoy comienzan a pagar el costo de sus desmedidos incrementos de dieta, cumpliendo las recetas de la Sala Penal de la Corte Suprema de Justicia. El Congreso que se eligió el domingo, tiene la obligación de ser, el Congreso admirable y de la  verdadera decencia. De no ser así, que entre el diablo y escoja.

@AlirioMoreno

Publicado: marzo 13 de 2018