De hace unos años para acá, en cada debate político el tema del medio ambiente toma una fuerza inusitada. Unos y otros asumen posiciones y consideran que estas problemáticas hacen parte de una agenda propia de un solo sector o tendencia política: la izquierda, desconociendo los aportes que frente a estos temas ha logrado la derecha.  Para el caso colombiano, un ejemplo claro de ello es buscar un punto medio y armónico entre desarrollo y sostenibilidad, garantizando una explotación racional, eficiente y necesaria de los recursos naturales sin sacrificar los mismos.

A pesar de lo anterior y del desarrollo normativo que existe en esta materia, a veces pareciera que las políticas públicas no se conciben de la manera en la que el medio ambiente lo requiere. De ahí el título de esta columna, en donde se encuentra ese bache que no ha permitido llegar de manera eficaz a que el ciudadano sienta que la protección medio ambiental no está solo en el papel.

Pues bien, en estos días, en uno de mis habituales recorridos por las localidades de la capital, y concretamente en Usaquén, una zona que cuenta con un área de 2. 547,70 (Ha) y con el 19.39% de la reserva forestal protectora del Bosque Oriental de Bogotá[1],  me encontré a un par de jóvenes que atentos escucharon mis planteamientos en temas de seguridad, descentralización y cumplimiento de las normas vigentes. Entre otras propuestas como el reparcheo con la  reutilización del plástico; una estrategia que resulta más barata y amigable con el ambiente,  y que garantiza los recursos necesarios para el cumplimiento de estas políticas.

Al final se me acercaron estos jóvenes y  de manera directa me dieron sus apreciaciones y su apoyo, incluso ofrecieron aportes en aspectos medio ambientales, que se pueden concretar desde el Concejo de Bogotá; gesto que agradezco profundamente.  Sin embargo, tuvieron una inquietud, que  se resume en cómo desde esta corporación distrital, podíamos apoyar a la biología, a la profesión y a los biólogos. Cuestionamiento que me puso a pensar por algunos minutos y me permitió entender su preocupación, pues ellos mismos me expresaban que las normas existen, las autoridades también, pero que el problema radicaba en el tipo de profesionales que estaban asumiendo los roles de dirección y ejecución de dichas normas.

Analizamos de manera conjunta la situación y encontramos la respuesta, además que no sólo es una propuesta, sino un compromiso que desde ahora asumo por la trascendencia del tema. Desde el Concejo de Bogotá y en ejercicio del control político, a través del Departamento Administrativo del Servicio Civil Distrital, se solicitará y verificará que en los casos particulares en donde se requieran cambios a los manuales de funciones de las entidades distritales,  debido al desconocimiento de la biología, se hagan los ajustes necesarios y se incluya la profesión dentro de los núcleos básicos del conocimiento.

De esta forma, no sólo se puede garantizar que las políticas en materia medio ambiental sean desarrolladas por los llamados a hacerlo, sino que es posible mejorar el nivel de empleabilidad de esta ciencia desde el ámbito público.

Como se indicó, la retórica en esta temática es bastante amplia, pero hay acciones concretas que podemos abordar sin populismo ni fanatismo, y a cero costos con grandes beneficios. Sin olvidar que aunado a ello, contamos con un aliado estratégico en esta área, el Consejo Profesional de Biología (CPBIOL), ente rector de los biólogos y de la biología en el país; apoyo que se vuelve fundamental en esta actividad. 

Cuenten con la defensa de este compromiso programático, un proyecto  necesario, obligatorio y efectivo, sin sectarismos y en búsqueda de que sean los mejores en este campo quienes garanticen que al presente y futuro inmediato, podamos mejorar tanto los indicadores ambientales, como los ecosistemas afectados.

@JuanPCamachoS

Publicado: septiembre 26 de 2019