Con 71 años a cuestas, Humberto De La Calle, hábil abogado se ha consolidado como el joker de la política colombiana.

A finales de la década de los 60’s, un joven oriundo de Manzanares, todavía estudiante de Derecho en la Universidad de Caldas, tenía de qué ufanarse: era dueño de unas notas que reflejaban un desempeño académico brillante, amigo de algunos poetas nadaístas y novio de una de las mujeres más lindas de Manizales. El muchacho -muy buen lector, por cierto-, apuntaba bien alto.

Humberto De la Calle era el nombre de tan insigne mozalbete, quien antes de graduarse se alcanzó a meter en líos disciplinarios por andar de revoltoso, piedra en mano, exigiendo “derechos” que en aquella época, los mamertos de entonces, vociferaban con agresividad en la vía pública.

Tiempo después, cumplidos los requisitos de rigor, la carrera profesional del personaje tuvo un ascenso meteórico. La claridad conceptual y el verbo avasallador de este caldense, lo catapultaron como jurista, alcanzando renombre al interior de las filas del Partido Liberal, particularmente en el sector del centro.

Un camino largo, hecho a pulso, lo llevó primero a consolidarse como joven figura de las “toldas rojas”, esas que fueron cuna de las guerrillas que hoy fungen como “respetable organización política”.

De la Calle, como los buenos machetes, prefirió quedarse en su “vaina”; vale decir, jamás dejó la civilidad. No obstante, tampoco abandonó su enorme afecto “cachiporro” por algunas “causas” que defendían los alzados en armas. Cinco décadas más tarde, esto se demostró en La Habana, donde tuvo que jugársela a fondo en favor de las Farc.

Con 71 años a cuestas, este hábil abogado se ha consolidado como el joker de la política colombiana: Registrador Nacional del Estado Civil, Magistrado de la Corte Suprema de Justicia; fue en tiempos de la Constituyente de 1991, Ministro de Gobierno, cuando a Gaviria se le comenzaba a incendiar el rancho… ¡ayayay!

Fórmula Vicepresidencial de Samper en 1994, fue sacado del juego palaciego, al ser designado Embajador en Londres. Poco tiempo después, De la Calle renunció y quedó cesante de la actividad gubernamental, tras el escándalo del proceso 8000 (todavía sigue impune el magnicidio de Álvaro Gómez Hurtado).

Andrés Pastrana, en legítima operación reencauche, lo nombró Ministro de Interior; finalmente, el doctor Humberto terminó su periplo como Embajador en la OEA, para dedicarse tras su retiro, a manejar asuntos privados.

Pero el reposo fue corto, pues regresó al ruedo político en 2012, cuando Santos lo llamó para encabezar el equipo del gobierno que se arrodilló ante las Farc en Cuba: ¡qué forma de “pelar rodilla” la de este ateo confeso en la tierra de los narcoterroristas más antiguos del mundo, por Dios!

El hoy “flamante” candidato se quitó todas las máscaras, mostrándose tal cual es: defensor de la ideología de género, adalid de los intereses de las minorías sexuales, seguidor de las posturas ideológicas que favorecen el aborto, presa de “atisbos de Alzheimer” en los temas de narcotráfico y cerebro gris de la arquitectura de ese esperpento llamado JEP, que no es otra cosa que la para-justicia comunista para doblegar el Estado de Derecho colombiano.

Sin duda, bajo el sofisma de la “paz”, el coro del Nobel debía ser dirigido por alguien que supiera cantar en cualquier escenario, y lo hizo tan bien, que en una declaración radial una de las voceras de las Farc aseguró que “se sentirían muy bien representados por un candidato como el Dr. Humberto De la Calle…”

Con todo respeto: Se gastaron 40 mil millones de pesos en la Consulta Liberal del pasado domingo 19 de noviembre; votaron algo más de 750 mil personas. ¡A qué estamos jugando, quedándonos callados ante tan descomunal despilfarro!   ¿Los amigos de las Farc tienen derecho de hacer lo que les dé la gana con el dinero de los colombianos?

 Para enterrar la daga en la espalda de la Justicia de Colombia era necesario que un experto lo hiciera. A todo señor, todo honor…

@tamayocollins

Publicado: noviembre 22 de 2017