El Gobierno de Juan Manuel Santos, para reelegirse, impulsó la mayor corrupción de la historia caracterizada por el abuso del poder, entrega de dinero a parlamentarios adeptos a su Gobierno para compra de votos, propaganda política ilegal, omisión a las presiones de grupos terroristas como las FARC quienes amedrentaron a sus lectores para que votaran a su favor, además de presiones de la justicia para perseguir a sus opositores políticos  (Ver: El hombre de las mil máscaras, Luis Emilio Granados, 2016).

En medio de la convulsionada semana que terminó con la sorpresiva extradición de Otoniel, el expresidente Álvaro Uribe Velez sostuvo en su cuenta de Twitter que Petro es peor que Santos. 

Considero que, con el debido respeto hacia el expresidente Álvaro Uribe Vélez, en eso se equivoca. Juan Manuel Santos (JMS), es peor que Petro por las razones que expondré en la presente columna de opinión, una columna de opinión de un ciudadano de a pie.

En primer lugar, porque JMS tiene una infinita y desconcertante capacidad actoral. Según Granados, es impresionante su capacidad de actuación, su habilidad de histrión, realizando una formidable faena actoral diaria.

Recuerdo, precisamente, durante su primera campaña presidencial cuando nos encontrábamos en el fulgor por las capturas y defunciones de los lideres de las FARC como Raúl Reyes, con Rolex, siendo ya exministro de Defensa, que en alguna reunión se me acerca, me saluda y dice: “Rafael, su abuelo Laureano estaría orgulloso de lo que estamos haciendo”. 

Y, se fue. Y yo, quedé totalmente convencido que sí. 

Qué, evidentemente, el doctor Laureano, en ese momento, estaría orgulloso de lo que se estaba haciendo en los finales del gobierno de Álvaro Uribe. 

No demoró mucho tiempo, JMS, para demostrar que esa afirmación no era más que parte de su gran capacidad actoral cuando en su posesión como Presidente anunció, sin ningún rubor, que él tenía las llaves para negociar con las FARC; ante la mirada atónita de Álvaro Uribe pero con la complaciente y malévola sonrisa de Armando Benedetti, quien minutos antes había pronunciado un discurso fulminante en contra de la gestión de Álvaro Uribe, siendo Benedetti uno de los mayores electores del partido de la U; con votos en Guainía, Vichada y demás territorios nacionales, (vaya a usted a saber); partido creado por Uribe, por lo demás; del cual hizo parte el inefable y chupador de rueda, ahora que nos encontramos en temporada de ciclismo, Roy Barreras.

Continúa Granados: Le fascina la audacia y la habilidad para mimetizarse bajo la diversidad de caretas o máscaras, aunque poco mira a los ojos, creería que nunca, y poco sonríe. 

Su expresión es adusta. 

Su mirada esquiva y huidiza y como culto a su personalidad le encantan las tarimas y la adulación.

Petro no es eso. Petro no utiliza ninguna máscara. No las necesita. Porque Petro es lo que es. 

Va de frente, siempre mirando en lontananza, a lo lejos, con una gran capacidad de una convincente y conveniente elocuencia propia de todo dictador, con gestos de histrionismo, sentado, arrogante, displicente, con el brazo en alto al estilo Gaitán o Mussolini o Hitler.

Siempre víctima, nunca victimario.

JMS, nos “traicionó” desde el primer momento. Lo que llaman en la grupería: Traidor de clase. De esos, conozco varios.

Por eso, se mereció el título de JUDAS.

Puntilla: Hablando de la hipocresía artística que apoya a Petro, me podrían explicar: ¿por qué a los artistas les gusta vivir sabroso, parodiando a Francia, pero no les gusta el capitalismo, pero viven con sus bolsillos llenos y con apartamentos en Miami?  Como algunos periodistas o medios de comunicación. 

Rafael Gómez Martínez

Publicado: mayo 10 de 2022