Si camina como pato, hace como pato y parece pato, ¡pues es un pato! Y eso, precisamente, es lo que pasa con Venezuela: parece una dictadura, se pasan por la faja la constitución como en una dictadura, desconocen la separación de poderes como en una dictadura, y el pueblo es oprimido como en una dictadura, entonces ¡es una dictadura! No hay que ser un genio para verlo, aunque sí hay que tener pantalones para decirlo.

Quizá, por eso, el gobierno de Juan Manuel Santos ha preferido pasar de agache. Dicho en otras palabras ha “comido calladito”, frente a todos los abusos que se están cometiendo en Venezuela y de los cuales ha sido testigo. Solo cuando el Tribunal Supremo de Justicia anuló las funciones de la Asamblea Nacional Venezolana, y cuando ya se dio cuenta de que los demás países del continente estaban exigiendo el restablecimiento de la democracia en el vecino país, solo hasta ahí apareció la Canciller colombiana y se pronunció. Obvio, no con vehemencia ante la gravedad de los hechos, sino más bien con la “tibieza” de siempre.

Y si bien es cierto que ante la presión internacional y el llamado de la Organización de los Estados Americanos (OEA), el Tribunal Supremo de Justicia de Venezuela dio un “reversazo” a los fallos en contra de la Asamblea, eso no quiere decir que el tema esté resuelto y que “aquí no pasó nada”.

En efecto, el martes de esta semana, los venezolanos que respaldan la oposición salieron a las calles a manifestar su inconformismo con el gobierno de Nicolás Maduro y el Tribunal Supremo. Pero, mientras iban en camino a la Asamblea Nacional, fueron reprimidos por la Guardia Venezolana que, con tanques, camiones hidrantes, gases lacrimógenos y hasta balas, les impidieron llegar a su destino. Porque como es cada vez más evidente, el derecho a la protesta, en el país vecino, no existe.

Pero eso no es lo más triste. Cabe señalar que la Asamblea Nacional anunció que iniciaría el proceso de destitución de los magistrados del Tribunal Supremo, ya que fueron en contra de sus funciones y se atribuyeron otras (legislativas) que no hacían parte de su competencia. Pero desde ya se dice que esta iniciativa no va a prosperar porque otros poderes públicos, afines al gobierno, no lo van a permitir.

Entonces, yo no entiendo como un gobierno como el de Venezuela puede ser llamado democrático. Finalmente es un gobierno que viola los Derechos Humanos, que no respeta la ley, que es corrupto, que a pesar de las repetidas solicitudes internacionales no libera a los presos políticos. Y lo peor: es un gobierno que ha ignorado, de forma descarada, la convocatoria a referendo de parte del pueblo.

Pero, una cosa es el respeto, otra la tolerancia y otra, muy distinta, “el aguante”. En cuanto al pueblo venezolano tengo que decir con dolor que ya están en modo “aguante”; sacando sus últimas fuerzas para no desfallecer. Y en cuando al gobierno de Santos puedo decir que está en modo “respeto” (¿apoyo?) del régimen autoritario del Nicolás Maduro. ¡Pues cómo le tendrá de respeto (¿miedo?) que permite toda clase de abusos en la frontera con Colombia!

Yo creo que los venezolanos nunca pensaron que el apoyo de su gobierno al proceso de paz colombiano, les iba a salir tan caro. ¡Porque ahora lo están pagando! Ese silencio cómplice del gobierno de Colombia, ante los abusos de Maduro, no es porque sí. Esa es la forma en que Santos “agradece” la ayuda del país hermano con el grupo terrorista de las Farc.

Ahora, ¿qué más tendremos que ver en Venezuela? Ya no lo sé. Como dije alguna vez: cuando creo que ya han tocado fondo, algo pasa para demostrarnos que es posible que se hundan más en la desesperanza, en el dolor, en la pobreza, en la dictadura.

@Tatacabello

Publicado: abril 7 de 2017