Mientas existan los altos niveles de inequidad, la intolerancia, combinados con la descomunal corrupción, y en los últimos 30 años la producción de cocaína, el tema de lograr la paz será de nunca acabar.

Después de la guerra de los mil días, conflicto por la intolerancia ente los partidos políticos tradicionales, en la lucha por el poder político (1.897-1.899), aparece la represión contra el movimiento sindical indígena de los años veinte, y luego 1.928 los disturbios con los empleados de las bananeras. Es decir el conflicto es muy viejo y como no ha sido resuelto del todo, se ha prestado para que exista prácticamente una carrera militar dentro de la insurgencia (hoy convertida en verdaderos delincuentes), muy parecido a la de nuestro estamento militar, casi con la misma metodología de ascensos, donde van surgiendo nuevos liderazgos. Salen unos y entran otros.

Mientras existan estas variables; iniquidad, intolerancia, corrupción y cocaína, nunca se podrá logarlo, y será la justificación para persistir en la rebelión. En las últimas 10 campañas  presidenciales, el presidente lo pone el que maneje mejor el tema de la violencia. Llevamos más de 15 gobiernos intentado hacerla y cuando se logra con un grupo y uno cree conseguirlo, aparece otro y luego otro y luego otro, porque el caldo de cultivo sigue siendo la inequidad, la intolerancia, la corrupción y la hoja de la coca, poderosa fuente de financiación, tanto que un alijo vale cientos de millones de dólares, cuyo monto supera la ayuda que nos dará EEUU.

No hay justificación alguna para la violencia, así los niveles de inequidad sean tan descomunales, la corrupción sea incontrolable y los cultivos de coca estén en aumento. Sin embargo la violencia se usa y da muchos réditos. Como por ejemplo lo logro Pablo Escobar en el gobierno de Cesar Gaviria, que hizo poner en la Constitución un artículo que prohibía la extradición por narcotráfico. Como la Farc que ha logrado con el Acuerdo de La Habana toda clase de prebendas, donde no se les castiga y además se les premia con curules en el congreso. Creando un mal precedente que tendrá que repetirse para poder apaciguar las futuras insurgencias que surjan, ya que el Acuerdo de La Habana le pone el sello de perpetuar la violencia que da beneficios por dejar de matar ciudadanos.  Como parece ser para corroborarlo, la que se dará en la negociación con el ELN, grupo que estaba casi extinguido.

De todas maneras las variables que justifican la delincuencia tienen solución con una justa política de distribución de la riqueza, que logre un verdadero acceso a la educación de calidad, con la desaparición de la intolerancia que permita más cabida a nuevos grupos políticos, con el combate a la corrupción con una certera aplicación de la justicia, y con tal vez el más importante en este momento: la desaparición total y definitiva de los cultivos de coca.

@rodrigueztorice

Publicado: febrero 15 de 2018