No se necesitaba una bolita de cristal para prever lo que se estaba negociando en La Habana. Solo era necesario conocer quienes estuvieron detrás de las negociaciones, entender cuáles eran sus objetivos y como había sido su proceder histórico. A esto tenía que añadírsele un poco de malicia porque evidentemente todo lo que nos imaginamos se quedó corto ante lo que en realidad se pactó en Cuba.

A las FARC tuvimos la oportunidad de conocerlas bien durante el proceso del Cagúan. Durante el gobierno de Andrés Pastrana se aprovecharon de la ilusión que tenía el pueblo colombiano de vivir en paz y utilizaron el territorio destinado para concentrarse como una guarida para llevar a sus secuestrados, los carros que se robaban y en general todo el producido de sus actividades ilícitas.  Desde el Cagúan los narcoterroristas planearon y ejecutaron crímenes, convirtiéndola en una especie de enorme Ciudad Gótica con Batman de vacaciones.

El entonces presidente Pastrana se dedicó a negar lo evidente, haciéndose el de los oídos sordos y los ojos ciegos frente a la evidencia de que las Farc no eran de fiar y que lo estaban engañando para buscar oxígeno para reorganizarse y rearmarse. Paradójicamente fue el entonces senador Germán Vargas Lleras el que, en un debate memorable, denunció lo que estaba ocurriendo, con mapas, documentos, etc. El mismo Germán Vargas Lleras al que hoy le parecen delicados algunos puntos de la negociación con las Farc, pero que seguramente por algún cálculo político, que esperemos no le falle, va a votar por el SÍ en el plebiscito. Como la Ley de Murphy suele no perdonar, podría terminar siendo uno de los juzgados por la Jurisdicción Especial de Paz que tanta preocupación le genera.

Al día siguiente del debate, a Pastrana no le quedó otro camino que darle un pico de despedida a su Nobel de Paz y terminar las negociaciones concediéndole unas cuantas horas a la guerrilla para dispersarse. Del gobierno Pastrana tenemos que rescatar que salimos del estatus paria en el que nos dejó Ernesto Samper Pizano, el único presidente al que se le han comprobado vínculos con la mafia, más específicamente con el Cartel de Cali, que donó dinero para su campaña presidencial. Al aferrarse Samper al poder – a pesar de las múltiples voces exigiendo su renuncia incluyendo la de su vicepresidente Humberto de la Calle Lombana – Colombia se graduó de “narcoestado”, Estados Unidos la descertificó y, privándolo de su visa, le quitó el privilegio a Samper de visitar, hasta el sol de hoy, Disney World.

La contraparte de las Farc en la negociación ha sido ampliamente descrita en mis artículos. A Juan Manuel Santos lo elegimos porque llegó montado en un programa político que después se dedicó a atacar y a desprestigiar. Después de darle la espalda a sus electores, obtuvo su segundo mandato con más trampas y más mentiras. Según el artículo de un portal de noticias, su contrincante Oscar Iván Zuluaga perdió la amplia ventaja que le sacó en la primera vuelta cuando le infiltraron un hacker para desprestigiar y deslegitimar su campaña presidencial.  Si a esto le sumamos la tradicional forma de hacer política en las provincias y más específicamente en Barranquilla, la tierra que me vio nacer, el candidato Zuluaga nunca tuvo el chance de ganar esas elecciones.

Ahora los colombianos nos enfrentamos a la realidad de tener que decidir si aceptamos o no unos acuerdos cocinados entre un grupo terrorista que nunca ha sido de fiar y un presidente que tiene en su haber una larga lista de traicionados. Acuerdos que algunos de sus defensores han instado a no leer porque saben que el que los lea y vote por el Si es porque o no los entendió o porque simpatiza con las Farc.

Santos y las Farc, que tardaron cuatro años buscando el “mejor acuerdo posible”, entraron en lo que ellos llamaron un cónclave, para sacar de manera apresurada un engendro de acuerdo que nadie se preocupó por corregir. Como será el acuerdo para que el punto 3.2 pase al 3.4, episodio que alimentó la justificable exacerbada imaginación de los opositores de los acuerdos que acusaron al gobierno de pretender dejar un espacio para más adelante meter un mico dentro de la jaula de orangutanes.

Pero nada ha sido más lamentable que el episodio en el cual una periodista de RCN le preguntó a Sergio Jaramillo acerca de la liberación de los menores de edad reclutados (secuestrados) por las Farc y no pudo dar ninguna respuesta excepto que le preguntaran a las Farc, ¡qué tal ese despropósito!  Un par de días después, el ex presidente y actual promotor del SÍ, Cesar Gaviria, explicó entre sonoras carcajadas que él no entiende “…si fue en las carreras o que, que se les olvidó el tema de la devolución de los niños…” Mientras Gaviria ríe, centenares de padres lloran por sus hijos.

En conclusión, recomiendo que leamos los acuerdos, aunque nos tome un tiempo porque son impotables. Tengamos en cuenta quiénes son las personas detrás de cada palabra y decidamos si estamos dispuestos a ceder y a confiar el futuro de nuestro país en sus manos.   Es absolutamente necesario saber que estamos cediendo y a cambio de que.

PD:  por lo visto ya le han entregado todo a las Farc, (impunidad, 26 curules en el congreso, elegibilidad política, 31 estaciones de radios, bonificación y salario mínimo, la llave para guardar sus armas, jurisdicción especial para perseguir a quien les provoque, etc.) ¿dejaron algo para el Eln?

 

@ANIABELLO_R