Después de la expedición de la Constitución Política de 1991, una vez desmontado el bipartidismo y estructurado el pluralismo político, la sociedad colombiana vivió un proceso de desideologización y de surgimiento de una multitud de partidos políticos, hasta llegar a 74 organizaciones con capacidad de “otorgar” avales para las candidaturas a cargos de elección y corporaciones públicas.

Veinte años después de establecido el régimen constitucional de partidos, fue expedida la ley estatutaria sobre organización y funcionamiento de los partidos cuyas disposiciones, sumadas al requisito del umbral y algunas decisiones judiciales que impactaron a la mayoría de los mismos, determinaron la desaparición de varias de esas entidades que actuaban solo como fábrica de avales en la más absurda y aberrante intermediación entre la democracia y el Estado.

La discusión de los acuerdos de paz y la convocatoria al plebiscito por la paz, llevaron al país a una polarización profunda en la que afloraron posiciones temáticas que marcaron unas posturas ideológicas sobre las tendencias políticas globales. La defensa de la familia frente a los argumentos de oposición a la ideología de género; el aborto como método de control de la población y del derecho de la mujer a decidir, frente a la defensa de la vida por posturas radicalmente opuestas, hasta llegar hoy a plantear la necesidad de hacer trizas el acuerdo de paz, frente a quienes lo defienden, acusando de estar propiciando el castro-chavismo y la venezolanización, tienen a Colombia al borde de la restauración ideológica y con ella, el renacimiento de los partidos o en riesgo de una confrontación social que traerá profundos cambios en las estructuras políticas y económicas del país.

Las viejas estructuras de los partidos políticos, tendrán que ceder ante el florecimiento de los verdaderos tanques de pensamiento de tales organizaciones. Los think tanks forzaran la ideologización de la política partidista en los próximos tiempos. En eso llevarán marcada ventaja los partidos tradicionales de la patria. Los colombianos se sienten; al menos las generaciones de antes de las dos últimas décadas del siglo veinte, liberales o conservadores. Tienen afinidad política o familiar con uno de esos dos colores.

Las coaliciones para la elección presidencial, serán el punto de partida para la ideologización planteada y no propiamente sobre la improvisación. El camino político de Colombia esta trazado, tanto el expresidente Álvaro Uribe Vélez, como el líder connotado y vocero natural del Centro Democrático, como los jefes de los demás partidos, tiene la obligación moral con la patria y con los colombianos de conducir esta sociedad por los caminos de la concordia. Ojalá todos los órganos del poder público sean tan superiores como los intereses de la patria.

@AlirioMoreno

Publicado: junio 13 de 2017