Para tener una visión más clara de la real trascendencia del covid-19, es bueno tener presentes estas cifras: En seis meses mal contados, más de 11 millones de personas se han contagiado de covid-19 en todo el mundo, o sea el 0,14% de la población mundial (7.700 millones). Si seguimos al mismo ritmo, los contagiados durante todo el año serán alrededor de 22 millones de personas, algo así como el 0,28% de la población del planeta.

Lamentablemente, en estos seis meses, 525 mil personas han muerto de covid-19 en todo el mundo. Eso constituye el 4,7% de los contagiados y el 0,006% de la población mundial. Es decir, muy pocos en relación con toda la población; una cantidad poco significativa, aunque cada muerto lo signifique todo para los suyos. Y a este ritmo, los muertos por covid-19 en este año sobrepasarían el millón, o sea el 0,013% de la población mundial.

Para entender mejor estos fríos datos consideremos las principales causas de muerte en el mundo, tomando las estadísticas de la Universidad de Oxford correspondientes al año 2017: En el primer lugar están las enfermedades cardiovasculares (infartos, embolia, trombosis, hipertensión), con 17,7 millones de fallecimientos al año; el 0,23% de las almas que pueblan este planeta y casi 18 veces más que las víctimas que el covid-19 podría cobrar este año. La segunda causa es el cáncer, con 9,5 millones de víctimas; o sea el 0,12% de la población mundial y casi diez veces los muertos por covid-19 en 2020.

En tercer lugar están las enfermedades respiratorias (neumonía, bronquitis, EPOC) con 3,9 millones de victimas al año; el 0,05% de la población mundial y cuatro veces más que las víctimas que ocasionará el covid-19 este año. En el cuarto está la demencia, sobre todo el alzhéimer, con 2,5 millones de muertes; el 0,03% de la población mundial y más del doble de las victimas que causará el covid-19. De quintas están las enfermedades gastrointestinales con 2,3 millones de casos; el 0,029% de la población mundial, más del doble de los fallecimientos por el actual coronavirus.

En el sexto puesto están las complicaciones al nacer, que cobran la vida de 1,7 millones de neonatos en el mundo; otro 0,02% de la población. En séptimo lugar aparece la diarrea como causa de muerte de 1,57 millones de personas cada año (el 0,02%), superando por poco a la diabetes, que con 1,37 millones de víctimas (0,017%) se ubica en el octavo puesto. En el noveno figuran las enfermedades del hígado, que matan cada año a 1,32 millones de personas (0,017%), y completando el top ten estarían los accidentes de tránsito, que cada año cobran la vida de cerca de 1,2 millones de personas (0,015%).

Otras causas importantes de muerte son (11) las enfermedades renales, con 1,23 millones de víctimas; (12) las sepsis, como las infecciones intrahospitalarias, aunque no hay una cifra específica; (13) la tuberculosis, con 1,18 millones; (14) el sida, con un millón; (15) el suicidio, con 800.000 fallecimientos; (16) la malaria, con 620.000; (17) el homicidio, 405.000; (18) el párkinson, 340.000; (19) ahogamiento por inmersión, 295.000; (20) meningitis, 288.000; (21) desnutrición, 270.000; (22) complicaciones en el parto o en el embarazo, 200.000; (23) abuso de drogas, 184.000 por alcohol y 166.000 por otras drogas; (24) guerras, 129.000; (25) hepatitis, 126.000; (26) incendios, 120.000; (27) envenenamiento, 70.000; (28) temperaturas extremas, 50.000; (29) terrorismo, 25.000; y (30) desastres naturales, 10.000.

Como puede verse, el covid-19 podría acercarse al décimo lugar de las mayores causas de muerte en este año 2020 superando al sida, que ocupa el lugar número 14, lo que demuestra que no son ciertos esos cuentos de que esta pandemia es como una simple gripa o que muere más gente de hambre (puesto 21), como alegan los escépticos. Pero tampoco es la gran plaga que va a acabar con la humanidad.

Claro que hay que ponderar el hecho de que si este coronavirus se ha cobrado 525.000 almas en medio año a pesar de todas las medidas que se han tomado, llegando al extremo de paralizar casi al mundo entero, seguramente sin el confinamiento y las medidas de bioseguridad serían muchas más las víctimas y amenazaría los primeros puestos del listado.

No obstante, todas las pandemias se han ido tan súbitamente como han llegado. Sea la peste antonina, la plaga de Justiniano, la peste negra, la peste de Londres o la gripe española, todas han sido fenómenos pasajeros que han dejado una mortandad infinitamente superior a la del covid-19, y han desaparecido en cuestión de meses.

Por eso muchos se siguen preguntando si ha valido la pena un confinamiento tan estricto que ha provocado tantas pérdidas económicas y un grave retroceso en materia de pobreza que va a dar al traste con los avances que países como el nuestro alcanzaron tras muchos esfuerzos a lo largo de varias décadas.

Y es que, al parecer, está triunfando la tesis de expertos que adujeron que daba igual si se cerraba la economía o no porque de todas maneras era necesario que se contagiaran muchos para adquirir la inmunidad de rebaño, pero que hacerlo lento con un cierre estricto iba a incidir negativamente en el estado de la economía.

Colombia ya entró en la etapa de un promedio de 160 muertos diarios, algo así como si se estrellara todos los días un jet de pasillo central. Hay países que han llegado a niveles de entre 800 y 1.000 muertos diarios durante dos o tres semanas antes de doblar la curva y empezar a descender. La Organización Panamericana de la Salud dice que llegaremos al pico a mitad de este mes mientras que el Instituto Nacional de Salud anuncia que será en septiembre. Ojalá nuestro pico sea moderado.

Algunos hacen aprovechamiento político del tema pidiendo una renta básica universal que podría ir de algo muy simple como para solventar gastos de primera necesidad y superar la línea de pobreza, hasta el desvarío de pagarle un salario mínimo mensual a los 36 millones de colombianos mayores de edad, generando una dependencia del Estado similar a la de tiranías como Cuba o Venezuela, a un exorbitante costo de 425 billones de pesos anuales que excede todas nuestras capacidades.

Pero aun con un subsidio racional por tres meses, tener la economía parada implicaría perder todos los avances que ha hecho el país en décadas para derrotar la pobreza. Eso no se puede perder. No hay de otra que volver a la normalidad con todas las medidas de prevención y haciendo los cierres parciales que sean necesarios. Ya es tiempo. El mundo no se ha paralizado nunca por evitar infartos o muertes en las carreteras. La pandemia se irá y aquí quedará el país hecho jirones en medio de la confusión, el caos y el desespero. Un verdadero pandemónium.

@SaulHernandezB

Publicado: julio 7 de 2020