Hace algunos meses hice un llamado para lograr un pacto nacional contra el narcotráfico, el mayor flagelo que afecta nuestro país engendrando violencia, terror y criminalidad. El narcotráfico es el mayor enemigo que enfrenta, no solo el gobierno, sino toda la sociedad colombiana. Ante la coyuntura, hoy más que nunca es necesario elevar de nuevo este llamado a todos los ciudadanos.

En Colombia, según cifras del gobierno, se estima que el narcotráfico mueve hasta $15.000 millones de dólares, un equivalente al 5% del PIB colombiano. A todas luces es una cifra que debe, no solo atemorizarnos, sino despertar todas las alarmas. Por hacer un símil, se estima que el mercado del café representa un 1% del PIB, es decir, estamos vendiendo 5 veces más coca que café.

El absurdo peso del narcotráfico en nuestra economía no es gratis. Lamentablemente estamos inundados de coca. Se estima que hoy existen aproximadamente 209.000 hectáreas en nuestro territorio, un área 4 veces mayor que países como Andorra o Curazao, mayor que la totalidad del departamento del Quindío. Aun así, el Estado colombiano cuenta cada vez con menos herramientas para combatir este cáncer.

Este absurdo mar de coca permite que nuestro país produzca más de 900 toneladas métricas del peligroso polvo blanco, lo que no sólo nos convierte en el mayor productor del mundo, sino en un tenebroso exportador.

Corrupción, asesinatos, extorsión, debilidad institucional, inseguridad y problemas de salud pública, son algunas de las consecuencias con las que tropieza nuestro país tras haber sido permeado por el narcotráfico. Estos problemas se han salido de las selvas para penetrar en nuestras ciudades, nuestros barrios y nuestros parques. Hoy Colombia deja de ser sólo un exportador para ser también un consumidor, lo que ha fortalecido el negocio del narcotráfico a través de un nuevo brazo: el micro tráfico. Se estima que hay aproximadamente 1.500.000 de colombianos consumen estupefacientes, pero esta cifra sigue creciendo merced a la facilidad que hoy tienen los jíbaros para envenenar las calles.

Ante el debate nacional por el rearme del narcoterrorismo, hoy debo decir que hasta que como Estado no logremos combatir de frente el problema del narcotráfico, será muy difícil estructurar una paz real y sostenible. La criminalidad en Colombia se ha alimentado por décadas del tráfico de drogas, combustible principal de la guerra y la violencia fratricida. El control del narcotráfico de ciertas zonas del país ha dificultado que el Estado llegue con integralidad a múltiples territorios. De la falta de Estado y desarrollo, ha germinado un sinnúmero de economías ilegales paralelas que impiden el establecimiento de un orden social justo y en paz.

El rearme de las FARC del que hoy somos testigos, no significa la creación de una nueva guerrilla. No. Lo que crearon fue una empresa criminal. El rearme no es más que la reafirmación de la condición de cartel mafioso que seguirá buscando lucrarse, mientras se burla del Estado y de las víctimas.

Si la ciudadanía realmente quiere alcanzar la paz, llegó la hora de unirnos en un pacto contra el narcotráfico y erradicar de raíz el mayor cáncer de Colombia.

@gabrieljvelasco

Publicado: septiembre 2 de 2019