Estoy de acuerdo con Rafael Nieto Loaiza que el daño hecho a la nación por la administración de Juan Manuel Santos (JMS) tomara décadas superarlo, sobre todo si se da la oportunidad de enmendarlo. Ocasión que parece cada día más confusa. Por eso debemos rodear y apoyar irrestrictamente a la administración bien intencionada del presidente Iván Duque Márquez. JMS con tal de vanagloriarse e inscribirse en la historia como el hombre que hizo la paz en Colombia,  solo ha logrado dejar sembrada la semilla del inconformismo y el caos de su pésima administración, que corrompió la institucionalidad y casi todas las instancias de los tres poderes públicos, incluyendo de facto a la mayoría de los medios de comunicación. Poniéndole precio a cuanto institución o persona se necesitara para lograr su Premio Nobel de Paz. Fertilizando de paso el camino para que el Socialismo del Siglo XXI pueda acceder al poder. 

Dándole un perfecto bocado a una de las estrategias del Foro de Sao Pablo, que es crear la sensación de caos y zozobra, y generar la impresión que el Estado da tumbos y se muestra débil e incoherente. 

JMS, de manera irresponsable  deja el camino allanado para que el marxismo llegue, con el atenuante peligroso que la izquierda cuando llega es para quedarse. El daño es total. Con respecto al acuerdo de La Habana, este género una sensación de impunidad tal que se ha convertido en los dos años del acuerdo en una forma de vivir que ya permea todas las esferas de la sociedad, y ha ido calando e instalándose en el inconsciente colectivo, convirtiéndose en una manera de ser, en una forma “casi legal” de funcionar. 

El acuerdo de La Habana deja la impronta que delinquir sí paga, que ser pillo trae grandes dividendos y más cuando se hace violentamente. Es tanta la sensación de impunidad que por ejemplo en las poblaciones pobres de la zona norte de Cartagena, los habitantes de ellas, población generalmente de origen afro, víctimas de la decidía y la inequidad sembrada concetudinariamente por el Estado, se visten colectivamente con prendas de un mismo color (no se sabe de dónde sacaron esos uniformes de color naranja que imitan a los de la defensa civil) para pedir limosna a los transeúntes que tienen que disminuir la velocidad en la carretera y al detener los carros son atacados por una horda desaforada que piden la limosna de manera amenazante. Esto es solo una metáfora o una caricatura de como las gente se exponen al delito porque saben que la justicia no opera. Y porque además parten de la premisa que si los jueces son corruptos y delinquen porque no ellos que lo hacen por una necesidad mayor; la falta empleo y oportunidades. Claro que nada, ni siquiera el hambre justifica caer en el delito.

@rodrigueztorice

Publicado: noviembre 15 de 2018