“Pseudología Fantástica” fue una columna que publiqué en El Tiempo (2011), sobre los verdaderos orígenes y personalidad de Daniel Coronel(l). Si los dueños de UNIVISIÓN hubiesen tomado en serio la investigación, habrían ordenado auscultar al periodista por una junta de psiquiatras. El diagnóstico les habría evitado la calamidad que se acaba de desatar sobre sus cabezas: la denuncia penal y la consecuente exigencia de multimillonaria indemnización que impetrará ante la justicia americana el presidente más respetado y querido por los demócratas de Colombia (consecuentemente el más odiado por los narcoterroristas), el Gran Colombiano, Álvaro Uribe Vélez.

Coronel padece síndrome de ‘pseudología fantástica’ o mitomanía, que no es curable, según certifica la ciencia. En El Tiempo, recordé que el eminente López Gijón, se había preguntado, como pensando en Coronel(l), “¿cómo tratar clínicamente la mentira patológica, la continua fabricación de falsedades groseras, la caterva de fantasías inciertas, el engaño complejo sistemático -diferente a la mentira ordinaria-?”. La psicología, al unísono, responde que el proceso mendaz se vuelve inconsciente y el sujeto se cree sus afirmaciones cada vez más fantásticas; que el trastorno de personalidad narcisista o histriónico es un mecanismo de reducción de la ansiedad por algo de lo que el enfermo no se siente orgulloso; que ante una realidad demasiado anodina y dolorosa de soportar, el paciente miente para obtener atención y ventajas materiales y sociales.

No viene al caso recordar los detalles de mi columna que narraba cómo Coronel(l) había falseado sus orígenes para obtener atención y ventajas sociales. Este es el link para quienes quieran conocerlos o recordarlos https://www.eltiempo.com/archivo/documento/MAM-4665334

Vayamos a lo de hoy. Coronel(l) es un náufrago en Colombia. Cómplice de Juan Manuel Santos, en el reparto del botín le asignó un canal de televisión y pauta multimillonaria. Es decir, lo hizo rico. Pero lo que por agua viene, por agua se va, y hoy su noticiero está arruinado. Los socios del Canal tuvieron que deshacerse de él y de su noticiero -que ahora, creo, sobrevive como un simple ‘youtuber’-. Para completar, su columna en revista Semana no se lee, porque a nadie interesan ya esos exabruptos y barrabasadas semanales.

Le quedaba una carta, UNIVISIÓN. Coronel(l) no se había atrevido a usar la cadena para sus embustes sobre Colombia. La semana pasada lo hizo. No soportó su nuevo anonimato criollo y los publicó (sus embustes), subrepticiamente, en una de las grandes ligas. Con eso ha decretado el fin de su carrera. 

Creo en la buena fe de la reportera a la que utilizó para su noticia falsa, pero no en su idoneidad. Un repasito en Google le habría permitido saber que la ‘fuente’ a donde la envió Coronel(l), no era tal, sino un paciente de la misma enfermedad de su jefe. Richard Maok Muñoz (Maok es su segundo nombre, pero Coronel(l), perito en deformar nombres, se lo asigna como apellido), es un técnico eléctrico que trabajó en la Fiscalía hace veinte años. Emigró a probar suerte en Canadá. Allá le recomendaron pedir estatus de refugiado para acelerar “los papeles” y así lo hizo. Google narra como, por obra y gracia de otros ‘refugiados’ colombianos, el electricista pasó a creerse hacker de la fiscalía y a acusar a fiscales generales, presidentes de la república, connotados periodistas y empresarios. Esa es la ‘fuente’ que Coronel(l) le sembró a su incauta reportera.

La historia que inventaron Coronel(l) y Muñoz -o Maok, como lo llama Coronel(l)- es poco imaginativa. Recoge elementos del expediente Mackled, el narcotraficante de Chávez y Maduro, que usaba el aeropuerto de Caracas para sus despachos de coca, y escenas del caso Iván Márquez y Santrich, que se reunían en Bogotá con carteles mexicanos de la droga. Con eso intentó Coronel(l) armar el ‘caso’ Uribe.

En México, a la ingenua reportera no se le ocurrió indagar por las circunstancias de modo, tiempo y lugar del cuento que le estaba echando Muñoz (Maok), aleccionado por Coronel(l). Un pequeño repaso sobre la vida de Uribe le habría abierto los ojos sobre su grandeza histórica y el hecho consecuente: que una figura así no tiene vida privada y no puede reunirse o hablar con criminales sin que se sepa. Todos sus actos, gestos, palabras, hasta la manera de pedir un tinto o un cigarrillo (le habrían explicado que él nunca fuma) son observados, comentados, fotografiados, grabados y narrados por los partícipes -siempre con algo de exageración y como si fueran un episodio histórico-. El cuento inventado por Maok y Coronel(l) era un imposible lógico, y publicarlo hace dudar de la inteligencia de la reportera víctima y entender por qué Coronel(l) la escogió como su instrumento. 

Ella ha reconocido que la información “no estaba verificada” -que es una manera cobarde de reconocer que uno metió la pata o se la hicieron meter- y Coronel(l), desesperado por la avalancha de desmentidos que se le vino encima, “despublicó”, él mismo, el bulo.

Consecuencias predecibles:

1. La reportera será reprendida, no despedida.

2. Veo en una lujosa mesa de Nueva York la renuncia, renuente, de Coronel(l) y la nota acelerada de “aceptada”.

3. Veo en Miami a un gran abogado preparando demanda civil multimillonaria.

4. Veo en Miami a otro gran abogado poniendo entre las rejas a Coronel(l).

5. Veo a una familia que empaca, entre lágrimas, sus corotos de Miami.

6. Veo a un caballero de industria, falsificador de genealogías y socio de Perafán, solitario y retirado, tomar café dulce rodeado siempre de miradas agrias.

7. Veo en el diccionario de ‘colombianismos’ la definición de un nuevo verbo, ‘despublicar’.

@JOSEOBDULIO

Publicado: febrero 17 de 2020