Definitivamente el gobierno Santos, del que no se puede dejar de hablar, porque aparecen nuevas cosas aberrantes que estaban ocultas bajo la sombra de su gran poder, es una Caja de Pandora.

Cada día aparecen nuevos casos de corrupción de tal dimensión que no solo asombran y dan asco, sino que desconsuelan, porque no se puede creer que estos señoritos bogotanos, gente de bien, supuestamente muy educados, se supone que de buenas costumbres, sean tan propensos al delito, como cualquier ladronzuelo del sur de Bogotá, de esos que para buscar el sustento diario andan todo el tiempo delinquiendo. La única diferencia entre ellos, es que unos lo hacen con vestido de paño inglés y chaquetas de cuero Hermès  y los otros con ruanas de Boyacá.

Realmente da repugnancia, porque el ciudadano común y corriente los tiene en el imaginario colectivo como el gran ejemplo a seguir y solo son una gallada de bandidos, solapados como buenos cachacos (donde priman las apariencias  por encima de los demás valores). Y son para el ciudadano de a pie algo así como la monarquía inglesa es para los británicos; el buen ejemplo a seguir, la imagen que debemos imitar.

Da asco cada uno de los casos que van apareciendo, uno más fétido que el otro, como si acaso la única función del poder fuera delinquir. El poder para corromper, casi como una patología. Darío Echandia se preguntaba; “¿el poder para qué?”. Pues para delinquir.

No hay un solo acto político del gobierno Santos que no esté contaminado de lo ilegal, es como una enfermedad, casi como una venganza, seguramente originada en el pasado por el maltrato o matoneo recibido en la infancia entre los amigos del colegio. Siempre la premisa de estos gobernantes con problemas de comportamiento es desquitarse con alguien, “alguien tiene que pagar los patos” (así también lo hizo Fidel Castro con el pueblo cubano).

Hay, en este caso Santos, un profundo factor psiquiátrico que se debe revisar y que pertenecerá en algún momento de la historia al libro de los gobernantes enfermos. Porque entre todo este dosier de cosas hay un leitmotiv principal que es lo que ocasiona la perdida de todos los valores morales y que en la búsqueda del objetivo deseado le hace perder todo comportamiento ético; ganar un Nobel de Paz. Y en Colombia estaban todos los requisitos para lógralo: delincuencia, terrorismo, desplazamientos forzados, violación de los derechos humanos, todas consecuencias del narcotráfico.

Tal vez la manera de ser del hombre andino, de no perder la dignidad de la que ha sido envestido. No perder el decoro, del que ha sido coronado (le da vergüenza perderlo) tan diferente al hombre Caribe (que no le dada tanta importancia perderlo) lo lleve a defenderse por encima de toda prueba jurídica. Como por ejemplo el caso de Ernesto Samper Pizano, que por no permitirse perderlo, destruye y  “se lleva en banda” toda la institucionalidad. El caso Santos tan aberrante como el de Samper, nos tiene hoy todavía hablando de su gobierno  porque la Caja de Pandora no deja de emanar podredumbre, cada vez que la abren el caso es más podrido que el otro.

@rodrigueztorice

Publicado: agosto 8 de 2019