El 8 de mayo de 1919 nació un personaje que cambiaría la historia del país en el que vivimos, para bien.

¿Por qué le pasan a Colombia cosas malas?

Sencillamente, porque a Colombia se la llevó no solamente el diablo, sino la cultura del narcotráfico.

La formula de lo rápido, fácil y bastante entró en nuestro país de una manera tan astuta y seductora que produjo un impacto tan fuerte y profundo en la sociedad que logró seducir hasta la misma comandancia guerrillera de las Farc y demás males que inundan a Colombia en estos momentos de incertidumbre y nostalgia.

De tal forma que fue la misma la guerrilla de las Farc, el M-19, y demás quienes se alzaron en armas bajo el argumento que el Estado colombiano le robó unas gallinas, como diría Joaquín Gómez en la silla vacía de Andrés Pastrana Arango, quienes cambiaron sus ideales políticos.

Así, se encuentra, por lo demás América Latina en general y en especial nuestra querida Venezuela bajo el régimen corrupto y amoral de Maduro y sus secuaces en cabeza de Tarek El Aisami, el eje del mal en la sombra iraní.

Pero, el malo del momento es el doctor Alejandro Ordoñez, quien en una valerosa intervención en la OEA sobre el cómo el socialismo utiliza la migración para crear los desmanes sociales en la región.

Definitivamente, la influencia del narcotráfico en las familias colombianas ha sido tan fuerte que ni las más prestigiosas se salvaron.

También, está involucrada y comprometida esa sociedad colombiana que se prestó para lavar el dinero proveniente del mismo narcotráfico.

Además, están comprometidos todos aquellos quienes defendieron en  el caso del proceso 8.000 y a “el elefante” como diría monseñor Rubiano, cuando la Iglesia Católica tenia monseñores, porque de los monseñores de hoy en día que apoyan el proceso de paz con las mismas Farc, líbranos señor.

De la juventud ni se diga.

Se calcula que en la época del “elefante” más de 200.000 jóvenes de la época cayeron dentro de los tentáculos del narcotráfico.

Para la muestra quedó la vendedora de rosas, una película de 1998 de Víctor Gaviria protagonizada por Lady Tabares, historia de una de las primeras sicarias, hablando de la equidad de género, del país.

Pero, Víctor Gaviria se quedó en pañales al lado del hoy senador Bolívar, de los decentes, creador de Sin Tetas No Hay Paraíso y el Bronx, recibiendo enormes regalías por sus servicios prestados.

Al lado de Gaviria se encuentran los inefables senadores Roy Barreras, Armando Benedetti y el profesor nalgudo Antanas Mockus. Sin palabras para referirse de Gustavo Petro, con su bolsa llena de dinero.

En medio de la hecatombe moral que rodea a Colombia, se encuentran los medios de comunicación, la gran prensa, y el sector privado quien  decidió apoyar al régimen, corrupto y amoral del elefante, como decía Álvaro Gómez Hurtado.

Ese régimen, corrupto y amoral, se llevó por delante la vida de un ser humano ejemplar como lo fue AGH, fundador en primera instancia de Universidad Católica de Colombia y de la Universidad Sergio Arboleda en cabeza de su cofundador el doctor Rodrigo Noguera Laborde. Además de ser director del El Siglo, periódico defensor de los valores conservadores.

Tambiénvideólogo del Noticiero 24 horas, forjador de grandes figuras de la prensa colombiana como lo fue Margarita Rosa de Francisco o Juan Eduardo Jaramillo.

Y, ¿Por qué Colombia no sale de esa cultura narcótica?

Yo quiero, pero no puedo, dijo Efraín Camargo Ruiz, gran presentador del mismo noticiero 24 horas cuando cayó inmerso en el mundo oscuro de la calle.

El proceso de sanación de Colombia es largo y tortuoso.

Debemos comenzar por reconocer todos nuestros pecados cometidos hasta hoy.

Debemos ser liberados de la cultura narcótica de las Farc y demás males que circundan a Colombia.

Debemos sacar al país del espíritu de la drogadicción.

Si se quiere recuperar al país, debemos salvar al conservatismo de la miseria moral e intelectual en la cual se encuentra para cambiar su talante, su forma de actuar, su doctrina arrodillada frente al régimen.

Si el conservatismo y Colombia quieren sobrevivir, deben tomar conciencia de su majestad y sabiduría de sus planteamientos.

Recuperar el propio uso de su idioma, de su idiosincrasia.

De asumir posiciones intransigentes, frente al Socialismo Bolivariano del siglo XXI, como asumió el doctor Ordoñez en la OEA la semana pasada.

Puntilla: la Jep, ni rizas, ni trizas y está para quedarse.

@RaGomezMar

Publicado: mayo 7 de 2019