Desde siempre, las Farc han hecho purgas internas y ajustes de cuentas, como cualquiera otrabanda delincuencial. No son pocos los casos de asesinato de miembros de esa organización criminal, cometidos por sus propios compañeros.

En los años 80, luego de la creación de la UP -brazo político de las Farc-, esa guerrilla afincó sus esperanzas en Bernardo Jaramillo Ossa, un joven dirigente formado en las juventudes comunistas del departamento de Caldas y que se unió a las Farc siendo un adolescente.

En 1985, cuando se creó la Unión Patriótica, como consecuencia de los diálogos entre la banda terrorista de las Farc y el gobierno de Belisario Betancur, Jaramillo Ossa entró de lleno al proselitismo político. Primero, llegó a la Cámara de Representantes y, luego del asesinato de Jaime Pardo Leal, asumió la presidencia del partido de las Farc.

Los cabecillas de la banda terrorista, que mandaban desde su campamento llamado “Casa Verde”, ubicado en La Uribe, Meta, quedaron estupefactos cuando Bernardo Jaramillo empezó a marcar distancia de la guerrilla, al oponerse abierta y frontalmente a la denominada “combinación de todas las formas de lucha”.

En el estupendo libro Armas y Urnas, del periodista estadounidense Steven Dudley, se encuentra la mejor radiografía de lo que en realidad fue la Unión Patriótica. En esa obra, se recoge una respuesta que dio Jaramillo Ossa, pocas horas después de su designación como presidente de la UP, a un periodista que le preguntó cómo creía que iba a ser su muerte. Jaramillo respondió:  “a mí me van a matar. En cualquier esquina. En cualquier momento. Aun puede ser en mi propia casa. Sé que me van a matar”.

En un principio, Jaramillo siguió a pie juntillas las directrices de los cabecillas de las Farc, concretamente de alias Jacobo Arenas, intransigente líder guerrillero que no aceptaba cuestionamiento alguno a la ortodoxia marxista.

Para agradar a su “jefe”, Bernardo Jaramillo no solo aceptó la combinación de todas las formasde lucha, sino que la promovió y la defendió públicamente. Pero su paso por el Congreso de la República y un viaje que hizo a la Unión Soviética en 1988 -asegura Dudley-, le cambiaron el panorama y lo condujeron a reflexionar sobre la inconveniencia de la mezcla de política y armas: “Internamente, Bernardo comenzaba a cuestionar poco a poco las teorías del Partido Comunista acerca de la combinación y no era el único. Varios miembros del partido comunista y de la UP, incluyendo al antiguo miliciano de las Farc y jefe de propaganda de la UP, Álvaro Salazar, y Alberto Rojas Puyo, se convirtieron en sus firmes aliados…”.

Jaramillo se constituyó en líder de un sector denominado los ‘Perestroikos’, que marcó distancia con las Farc, hecho que despertó la ira del jefe del grupo terrorista, Jacobo Arenas. En la obra de Dudley, se lee que “los miembros de la línea dura del Partido Comunista y los líderes de las Farc quedaron sorprendidos y se sintieron ofendidos por los comentarios de Bernardo y comenzaron a conspirar para acabar con el movimiento de los Perestroikas”. Anotemos al margen que esa “línea dura comunista” la comandaron siempre Manuel Cepeda y Yira Castro, padres del senador comunista, Iván Cepeda Castro. 

Jacobo Arenas, reaccionó con virulencia. Calificó a Bernardo Jaramillo de traidor y lo sindicó de haberse robado un dinero de las Farc: “El señor Bernardo Jaramillo, por segunda vez traidor al movimiento revolucionario. Cuando se fue de aquí y ahora que le hizo un daño muy grande al EPL. Bernardo Jaramillo, es el compañero llamado Raúl, aquel que llamaban ‘el dengue’, que desertó del quinto frente, llevándose 14 guerrilleros, 14 fusiles, 8 millones y medio de pesos y unos papeles muy importantes de negocios que tenía el quinto frente. Y el quinto frente, al mando del compañero Nariño, estuvo durante un año persiguiéndolo, no para premiarle su actitud, sino para otra cosa [léase, asesinarlo]…”.

Jacobo Arenas declara a Bernardo Jaramillo, como un “traidor”

Está judicialmente probado que a Bernardo Jaramillo lo asesinaron los paramilitares al mando de Fidel Castaño, en una carrera contrarreloj con los milicianos de las Farc, pues desde “Casa Verde” y las oficinas del partido comunista, también se había impartido la orden de acabar con la vida de ese “hereje”, que se atrevió a marcar distancia de las Farc y de la nefanda doctrina de la combinación de formas de lucha.

La historia de Jaramillo Ossa resulta suficientemente ilustrativa para advertir que algo parecido puede suceder, ahora que el brazo armado de las Farc ha quedado oficialmente al mando de los narcotraficantes Iván Márquez y Jesús Sántrich.

No se tiene certeza de que la supuesta división en el seno de esa estructura terrorista sea cierta, pero más vale prevenir que curar, pues la lucha intestina que se vive en el interior de esa estructura criminal, puede desatar una insoportable oleada de violencia que incluya el asesinato de los propios miembros de las Farc.

En los años 80 del siglo pasado, Jacobo Arenas y los “jefes” comunistas de Bogotá, dieron la orden de sacar a Bernardo Jaramillo del camino. Steven Dudley lo sentenció en su libro: “…ni siquiera su plétora de guardaespaldas podía protegerlo de lo que iba a venir porque estaba moviéndose hacia el centro, el centro mortal”.

Han pasado 30 años, las Farc siguen armadas y cada vez con mayor capacidad terrorista. La pugna está planteada y la posibilidad de que se desate una vendetta es más grande de lo que se puede dilucidar.

@IrreverentesCol

Publicado: septiembre 4 de 2019