Empecemos recordando el pasaje bíblico en que Cristo les dice a sus discípulos: “Ustedes son la sal de la tierra, y si ustedes se corrompen, ¿cómo evitar que se corrompa el pueblo cristiano?”.

Quedamos atónitos al enterarnos que el gobierno de los Estados Unidos había decidido cancelarle la visa a unos exmagistrados de la Corte Suprema de Justicia, máximo tribunal de la justicia ordinaria en Colombia, quienes habían fungido nada más y nada menos como presidentes de esta alta corporación judicial.

Una vez analizados los Estados modernos encontramos que la tridivisión del poder público tiene asidero en el equilibrio de los mismos, pero que su eje articulador es la confianza de las personas en que habrán hombres justos que sepan resolver las diferencias que de manera natural de tienen entre unos y otros, por ello resulta irrefutable expresar que la piedra angular de un Estado de Derecho es la justicia.

Esto nos sirve para decir que una sociedad es capaz de soportar el peso de la corrupción en muchas de sus esferas, pero jamás en la justicia. Los colombianos hemos tenido que padecer distintos males, pero ningún otro como la plaga de la corrupción, es un germen que se reproduce con facilidad y es capaz de llegar hasta los tuétanos y pudrir lo que nadie logra a imaginar. Son infinitos los ejemplos que tenemos para afirmar que el país está enfermo y necesita curarse lo antes posible, antes de que esta plaga maligna de la corrupción acabe con todo y ya no tengamos alientos para sobrevivir a su peste.

Es una vergüenza rotunda el que la justicia norteamericana haya tenido que gritarnos en los oídos lo que desde hacía tanto tiempo se murmuraba en las calles de este país, nuestras cortes judiciales fueron infiltradas por hombres que no merecen la alta dignidad de ser magistrados; ¿con qué cara los señores Leónidas Bustos o Francisco Ricaurte se van a presentar ante sus compañeros de toga, y peor aún, ante sus alumnos de la facultad de derecho, luego de todo lo que la justicia ha descubierto entorno a sus casos de corrupción?

La Comisión de acusaciones, juez competente de esta situación, tiene una nueva oportunidad que no puede ser desaprovechada como las anteriores, esta vez pueden quitarse de una vez y por todas el lastre de ser apodados como la Comisión de absoluciones, que se denigró con el nefasto proceso 8.000 que absolvió de toda culpa a un presidente que se había hecho elegir con el dinero de la mafia.

No podremos olvidar la sumisión del exmagistrado Leónidas Bustos quien ejerciendo el cargo de presidente de la Corte Suprema de Justicia, afirmó que el derecho no sería impedimento para que el acuerdo y entre Santos y las Farc fuese cumplido. La politización de la justicia es un mal que no puede seguirse suscitando, el Congreso, las Cortes y el gobierno deben ser independientes, no puede volver a ocurrir lo que sucedido en este gobierno, en el que hemos visto a una rama legislativa postrada ante los intereses del presidente y a unas cortes desprestigiadas por magistrados como estos que irrespetaron su deber de cumplir con las leyes y la Constitución.

Finalicemos narrando una anécdota que nos de un poco de esperanza: cuando Federico el Grande, rey de Prusia, construyó su palacio, se encontró con que en uno de sus espléndidos jardines había un viejo molino sucio y ruidoso, al rey no le agradó mucho esto y mandó a derribarlo. El molinero llevó el caso ante la justicia, al tiempo que le dijo al monarca: “Señor, todavía hay jueces en Berlín”.

Sabemos que todavía hay jueces en Colombia.

@MiguelCetinaC

Publicado: agosto 23 de 2017